¿Merece la pena mantener una vieja amistad cuando ya no tenéis nada que ver?

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“Si el amor verdadero es raro, más lo es la amistad verdadera”. A buen seguro que François de La Rochefoucauld, escritor, filósofo y autor de esta frase, era de esas personas muy exigentes con la amistad. Pero la mayoría de nosotros, aun siendo conscientes de que la “verdadera” amistad es muy poco común, consideramos que tenemos un buen puñado de amigos… o conocidos, o lo que sea.

Pero qué pasa cuando quedamos por inercia, nostalgia y costumbre con uno de esos amigos con el que ya no tenemos nada en común. ¿Merece la pena mantener esa vieja amistad cuando “todo ha terminado” entre ambos? A continuación, os proponemos dos vías para afrontar esa situación: recomponer la amistad o aceptar su final.  

Índice
  1. Cómo hemos cambiado, qué lejos ha quedado …
  2. ¿Merece la pena luchar por esa vieja amistad? 

Cómo hemos cambiado, qué lejos ha quedado …

Personas en un banco - Fuente: Pexels
Personas en un banco – Fuente: Pexels

Recibes un mensaje en el móvil con indiferencia. Tu viejo amigo te propone quedar para ver un partido. Otra vez, a ti que no te gusta el fútbol. No tienes muchas ganas de quedar, pero le pones el emoticono del pulgar hacia arriba y te diriges apático al bar de siempre para tener la conversación de siempre. Una y otra vez los mismos chistes que ya no tienen gracia y las mismas anécdotas sin relevancia.  

Sabes exactamente lo que te va a contar sobre la situación política, sobre los fichajes del Madrid y hasta sobre su mujer. Sonríes, le sigues la corriente y a duras penas logras contarle tú también lo que él quiere escuchar sobre la actualidad, sobre tu mujer y todo lo demás que él ya sabe. No hay confidencias ni honestidad, es cubrir el expediente. Que no, que pago yo, y cada uno a su casa hasta dentro de un par de semanas. Ya podía ser un mes… 

Pero luego, de camino a casa, recuerdas todo lo que has pasado con él, cuando jugabais en el parque en frente de casa, cuando compartisteis los primeros cigarrillos, cuando te defendió en aquella pelea, cuando os enamorasteis de la misma chica que no quiso saber nada de ninguno…

Y sonríes y piensas que tampoco pasa nada por quedar con él de vez en cuando. ¿O sí pasa? ¿No os estáis engañando? ¿No es mejor que cada uno siga su camino si ya no hay nada que decir ni compartir? ¿Puede la nostalgia ser suficiente para mantener una amistad exánime? ¿Es la amistad una deuda que debes abonar el resto de tu vida, aunque ya haya “vencido”? 

Almas en pena en el bar de la esquina 

Almas en pena en Inisherin
Un fotograma de ‘Almas en pena de Inisherin’

Hace unos meses, una película propuso un argumento muy poco tratado en el cine. Mientras el final del amor en las relaciones sentimentales es un tema más que exprimido, el “final” de la amistad es algo por lo que pasamos de puntillas, como si tuviese menos valor que el amor o no fuese relevante. O como si las amistades fuesen para toda la vida. 

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Asumimos que no se puede mantener una relación sentimental cuando uno de los dos (o los dos) ya no se siente a gusto, cuando el amor es tan solo un recuerdo. Sentimos cariño y respeto, pero no es suficiente.

Pero ¿qué pasa cuando la amistad es solo un recuerdo, cuando no hay honestidad, ni fraternidad, ni comprensión, ni confidencia, cuando lo único que pasa entre ambos es el tiempo? Y en la vida, muy pronto es demasiado tarde como para perder el tiempo en el bar de la esquina. Y es así como Colm decide “dejar” a Pádraic en la película Almas en pena de Inisherin

Pese a que la película opta pronto por el paroxismo sarcástico, el planteamiento de la misma propuso una brillante reflexión a millones de espectadores que, a buen seguro, pensaron sobre dos o tres amistades propias,

Algunos adoptaron el punto de vista de Colm —“tengo que dejar de quedar con Fulanito, porque al final me cortaré un dedo”— o, en menos casos, incluso poniéndonos en el lugar de Pádraic: “no será que Menganito ya no quiere quedar conmigo… siempre le aviso yo. ¿Quedará conmigo por inercia para ver los partidos? Ahora que lo pienso, ¿a él le gusta el fútbol?”. 

¿Mejor solo que mal acompañado? 

Dos mujeres - Fuente: Pexels
Dos mujeres – Fuente: Pexels

Lo que hace años fue una gran amistad, ahora no es más un cúmulo de recuerdos a los que os agarráis para avivar inútilmente una amistad que no carbura, que no aporta a ninguna de las dos partes.

Si sientes que no te apetece escuchar a tu amigo y que no te apetece contarle nada más que lo de siempre, es hora de aceptar que esa amistad ya no funciona. Ya lo dijo el escritor libanés Khalil Gibran, no busques a un amigo para matar las horas, sino con horas para vivir.  

Y es que mantener a flote una amistad concluida no es tan diferente de sostener una relación sentimental sin amor. De alguna manera, las amistades también cumplen ciclos y hay que tener la suficiente valentía para seguir adelante, por el bien de los dos

¿Merece la pena luchar por esa vieja amistad? 

Dos hombres hablan - Fuente: Unsplash
Dos hombres hablan – Fuente: Unsplash

Vamos a verlo un momento desde el otro punto de vista. ¿Y si, a pesar de todo, no quieres romper del todo el lazo con esa persona, por todo lo que os unió? Al fin y al cabo, cada amistad, como cada relación interpersonal, tiene sus particularidades y es peligroso generalizar.  

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Tenemos claro que una relación sentimental en la que una de las dos personas no quiere seguir adelante debe finalizarse porque, de lo contrario, sería dañina para ambos. Pero una amistad, desde luego, no es una relación de pareja: no tienes que ver a tu amigo todos los días, o casi todos los días. 

Siempre y cuando mantener a flote esa amistad no suponga un daño relevante para una de las dos partes, estás en tu “derecho” de seguir quedando con esa persona a pesar de que la amistad ya no sea “como antes”. El cariño, en este caso, sí puede ser suficiente. Otra cosa, claro, es si tampoco hay cariño, incluso sentimos cierta antipatía por nuestro viejo amigo. Llegados a ese punto, no hay otro camino más que dejar de quedar con él.

Pero también es importante analizar la amistad desde el punto de vista de la otra persona, que tal vez no vea vuestra amistad como algo “exánime”, tal vez tenga otro concepto de la amistad, o tal vez necesite verte de vez en cuando, incluso aunque no tengáis ya mucho que ver. Y él también lo sabe, que no es tonto. Ni siquiera Pádraic era tan tonto, tan solo era torpe e inocente. Hasta que dejó de serlo… 

Tal vez lo que vuestra amistad necesite, eso sí, sea un poco de aire fresco, cambiar algunas rutinas, dejar las viejas anécdotas y poner un poco más de vuestra parte para encontrar nuevos puntos en común. Porque la amistad también debe ser “trabajada”. Tal vez esperamos demasiado de los demás, pero no acostumbramos a pensar en lo que damos nosotros mismos a cambio. De cualquier forma, si no te gusta quedar para ver el partido… ¡díselo! Tal vez lo que necesitéis sea discutir un poco, que ni eso hacéis desde hace años.  

En definitiva, si ninguno de los dos siente el deseo de cortarse un dedo cuando ve al otro, si vuestras esporádicas reuniones no son memorables, pero tampoco insoportables, no es “obligatorio” bajar la persiana a esa relación, salvo que seas como François de La Rochefoucauld y solo consideres la amistad “verdadera” que, como el amor verdadero, es un ideal que palidece más allá de la literatura… y de los libros de autoayuda.

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