La vida tras una separación matrimonial

Para algunas personas, dar por finalizado un matrimonio es un alivio, una fuente de felicidad. Pero habitualmente, esta experiencia resulta dolorosa; y no solo dolorosa, sino que además de esto va a través de una falta de referentes acerca de lo que hacer ahora.

Esto último es lo que ocurre en el momento en que la ruptura o divorcio es experimentada como un duelo: de la misma forma en el que se sufre al perder a un familiar o amigo, el objetivo de nuestro matrimonio da sitio a una sensación de pérdida capaz de generar una fuerte angustia, tal como el reto de amoldarnos a la pérdida del emprendimiento y el modo de vida socios a esa unión con otra persona. Recuperarse de ello es doloroso, pero ni muchísimo menos resulta irrealizable.

5 claves a tener en consideración para rehacer tu vida tras un divorcio

Cada caso es único y no existen recetas infalibles que vayan a marchar en todos y cada uno de los casos; para eso está la psicoterapia, para dar un trato personalizado y adaptado a las necesidades de cada uno. No obstante, las ideas clave que hallarás a continuación tienen la posibilidad de ser útiles para empezar a construir la composición de lo que será una vida habiendo superado el divorcio o separación.

1. No intentes remover esos recuerdos, pero no te pases el día alimentándolos

Para llegar a amoldarnos a la vida tras un divorcio, hay que conseguir un equilibrio entre la no evitación de los recuerdos de nuestra vida de en matrimonio, por un lado, y la orientación a los incentivos que nos expone el presente y el futuro, por el otro.

Si procuras denegar los recuerdos y pensamientos vinculados a tu matrimonio no solo no lo lograrás, sino les darás mucho más fuerza e relevancia, al estar alerta por si acaso se muestran en tu consciencia. Y si te dedicas a recrear constantemente lo que sucedió en tu vida de casado/a, tardarás mucho en superar el desafío.

2. No te obsesiones con lo que habría podido ser

Este tipo de ideas solo se usa para accionar como un imán de pensamientos intrusivos asociados a la culpa. Una vez hemos empezado a alimentar estas fantasías, es muy fácil que una llame a las siguientes, con el consiguiente desgaste sensible. Además de generarnos padecimiento, nos predispone a estar recordando regularmente todo lo relacionado con el matrimonio, lo que va en oposición a la recomendación previo.

3. El compromiso se ha terminado: actúa en consecuencia

Es esencial mantener la independencia y defender nuestra dignidad como individuos en todos los contextos, también en el matrimonio. No obstante, cuando se pertenece a una relación de pareja, ha una sucesión de compromisos que no podemos omitir y que transforman en una compromiso el tener muy presente los intereses de la otra persona.

Con la separación sigue siendo importante la empatía, pero la mayor parte de esos compromisos desaparecen; es la otra cara de la moneda. De ahí que, es esencial que no te quedes con lo malo de vivir encerrado/a en la nostalgia de esa unión que terminó y con lo malo de creer que debes comportarte como el marido o la mujer de esa persona sin serlo (y sin convivir o tener ese trato cercano de antes). Eso solo te ocasionará frustración y te va a llevar a amontonar resentimiento, al ver que no recibes nada a cambio de esos sacrificios.

4. Si tenéis hijos pequeños en común, no olvides que su bienestar es prioritario

Aun en momentos tan dolorosos como el de la crisis por divorcio hay que velar por el bienestar de los hijos pequeños. Pero lo bueno de o sea que a la práctica, este rol de padre o madre contribuye a dar dirección a nuestra vida a lo largo de esas semanas confusas.

La crianza y educación de los pequeños, tal como la experiencia de ofrecer y recibir amor y cariño, forman una fuente de incentivos y vivencias enriquecedoras que nos recuerdan que la vida está compuesta de muchas más cosas que ese matrimonio que dejamos atrás.

5. Respeta el espacio de tu ex

Alimentar rencores no solo daña a la otra persona mediante tu hostilidad; también te perjudica a ti en forma de malestar, pensamientos obsesivos, miedo a mostar las propias vulnerabilidades, etcétera. Aun si esa persona te ocasionó daño o fue injusta contigo, es mejor centrarse en otras cosas que participar activamente en “pelear” contra ella.

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