¿Qué hacer cuando tu hijo no se adapta a su nuevo colegio?

Despides a tu hijo llorando y te vas al trabajo compungido y haciéndote todo tipo de preguntas. ¿Por qué a mi hijo le está costando adaptarse a su nuevo colegio? ¿Estaré haciendo algo mal? ¿Tendrá algún problema? ¿Y si no le hubiera cambiado de colegio? ¿Qué puedo hacer para empiece esta nueva etapa con éxito, para que se adapte a su nuevo cole?
Septiembre y octubre son meses delicados para muchas familias, especialmente para aquellas que tienen niños pequeños que empiezan a un nuevo colegio. Pero que estos niños sientan miedo o ansiedad ante esta nueva etapa es perfectamente normal. “La integración en el grupo es un proceso que va a depender del niño, de su ritmo y de su personalidad”.
Con la ayuda de la psicóloga Pepa Fernández Avilés, os explicamos por qué a los niños les cuesta adaptarse al cambio de colegio y qué podemos hacer para facilitarles la tarea
Ante todo, mucha calma

Cualquiera que tenga hijos pequeños (o los haya tenido y tenga buena memoria) sabrá lo difícil que es hacer un análisis objetivo de sus problemas: y es que queremos tanto a nuestros hijos que los sentimientos y las emociones, a menudo, se entremezclan con el razonamiento y nos impiden ver el bosque que rodea al árbol. Y si, además, comentamos los problemas con otros padres (o abuelos) en situación parecida, el resultado puede ser aún peor: doble ración de emociones exaltadas.
Así pues, lo primero que debemos hacer para analizar razonablemente un problema de uno de nuestros hijos es tratar de dejar nuestra faceta emocional a un lado en la medida de lo posible y tomar cierta distancia con el problema. ¿Qué aconsejaríamos a otra persona sobre su hijo si tuviera el mismo problema que el nuestro? Esa es una buena base para empezar a trabajar.
Y es así como en el 95% de los casos nos damos cuenta de que el “problema” no es tan grave como creíamos. Porque a todos se nos encoge el alma cuando vemos llorar a nuestro hijo desesperado, pero ese también es parte de su aprendizaje y de su proceso de madurez emocional: todos hemos llorado desesperados siendo niños… o adultos. Somos humanos, lloramos y sentimos miedo.
¿Por qué mi hijo no se adapta a su nuevo colegio?




Son diversas las causas que pueden confluir para que un niño no se adapte a un nuevo colegio, teniendo en cuenta, también, que la edad influye en el tipo de reacciones de los más pequeños ante los cambios. Pero, para empezar, el hecho de que algo sea “nuevo” siempre exige un periodo de adaptación.
Si a muchos niños y adultos ya les cuesta “cambiar el chip” del verano a septiembre sin cambiar de colegio o de trabajo, imagínate a un niño que debe comenzar una etapa en un nuevo entorno académico. Es perfectamente normal que al principio sienta nerviosismo, miedo y ansiedad.
La inquietud es inevitable, incluso para aquellos niños más sociables y alegres, con menos temor al cambio. Sentir cierto nerviosismo hacia lo desconocido es consustancial al ser humano y un nuevo colegio amedrenta porque los niños son conscientes de su relevancia, incluso aunque sean pequeños: en ese sitio van a pasar muchas horas al día, muchos días al año.
El miedo es un nivel superior de inquietud y si bien no es asociado a todos los niños que cambian de colegio, no deja de ser una emoción primaria que cumple su labor a nivel psicológico: el miedo pone en alerta, es un mecanismo de defensa ancestral básico para la supervivencia… también psicológica.
El problema se produce cuando el temor es peor que la situación que se teme, pudiendo volverse disfuncional y convirtiéndose en una fobia. Pero llegar a ese extremo es muy poco común en relación a la inadaptación escolar.
En cuanto a la ansiedad, no hay que olvidar el concepto de ansiedad por separación: los padres somos las principales figuras de apego de nuestros hijos, sobre todo cuando son pequeños, su mayor “mecanismos de defensa”, y perdernos de vista en un entorno aparentemente hostil acelera la inquietud y el miedo. De nuevo, perfectamente normal.
Al margen de estos aspectos generales que influyen en la inadaptación escolar, también debemos valorar la situación personal de cada familia y el propio carácter de cada niño. Si al cambio de colegio hay que añadir un cambio de ciudad, una mudanza, o alguna otra alteración importante en la rutina del niño, tenemos como resultado un escenario que complica cualquier periodo de adaptación.
Así mismo, también hay que tener en cuenta lo que el niño ha podido dejar atrás: amigos del viejo colegio, profesores e incluso un centro al que estaba acostumbrado. Y a los niños les gustan las rutinas: si cambiar de tenedor para comer porque el viejo está roto ya supone algún que otro lloro, imagina cambiar de centro, de autobús, de amigos, de profesores y hasta de ciudad.
En definitiva, tiene razones más que suficientes para sentirse ansioso, temeroso, inquieto… y tal vez enfadado con el mundo, sobre todo con nosotros, figura esencial de su mundo.
¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro hijo en su nuevo cole?




La adaptación de los niños al cole depende de su ritmo y de su personalidad, pero también “nuestra forma de abordar las dificultades o dudas que pueda ir presentando”, recuerda la psicóloga Pepa Fernández.
Mantén hábitos saludables
Para empezar un consejo (extensible a cualquier ámbito) que no está directamente vinculado al colegio pero que tiene más importancia de la que parece. Si el niño duerme mal y/o come mal influirá negativamente en su estado psicológico, además de su estado físico. Una persona que haya dormido las horas necesarias afrontará con mayor entereza cualquier reto.
“Levantaos con tiempo para que ir al colegio no se convierta en un auténtico suplicio”, nos dice la psicóloga Pepa Fernández, “y evita que el rechazo al cole sea el único tema de conversación: abórdalo cuando salga el tema sin evitarlo y normaliza todo lo posible el hecho de que es común que al principio no nos apetezca tanto ir al cole”.
Respeta el periodo de adaptación
Será más o menos largo dependiendo del niño y su situación, pero siempre requerirá unas semanas de adaptación a su nuevo colegio en el que deberemos evitar tomar decisiones drásticas y aparecer ante nuestros hijos como un manojo de nervios… aunque por dentro nos sintamos así. Somos su principal figura de apego, pero también su referencia emocional: si el niño ve que sufrimos, le influirá negativamente.
En este sentido, es aconsejable “trasmitir a tu peque mensajes de alegría ante la vuelta a tu propio trabajo, de este modo podremos trasmitirle nuestro propio entusiasmo y no rechazo a las obligaciones de nuestra vida cotidiana”.
Así mismo, “trasmite a tu peque mensajes positivos y de entusiasmo hacia el cole: cuéntale lo divertido que es, los nuevos amigos que hará, anécdotas que te ocurrieron en tu infancia, etc.”
Cuidado a las entradas y salidas del colegio
Es un momento delicado, especialmente si el niño llora y/o tú eres una persona emocional a la que le cuesta ocultar los sentimientos: todas las mañanas parecerán una tragedia griega, todos llorando. Lo primero, modera tus emociones.
Las protestas y los lloros forman parte de ese mecanismo de defensa… y de sus recursos para ablandar nuestro corazón. ¿Cuántas veces llora como fórmula para conseguir sus objetivos? En este caso, no suele ser diferente. Llora para que no lo llevemos al colegio. Pero no puede conseguir su objetivo.
“En ningún caso debes dejar al niño sin ir al cole puesto que podría generar una dependencia, y agravaría muchísimo el problema”, recuerda Pepa Fernández.
Saca todos los recursos de los que dispongas para tratar de hacer el traslado al colegio un proceso llevadero. Nunca le prometas cosas que nos vas a cumplir (no caigas en esa tentación para que entre en el cole sin llorar y protestar). Y las despedidas, lo más cortas posibles, sin dramatismos. Cuando esté en el cole, ya suspirarás o echarás un par de lágrimas si hay que echarlas.
En este sentido hay que recordar que la gran mayoría de niños superan en pocos minutos su berrinche a la entrada del colegio. No lo vemos, pero es así. Verse rodeado de otros niños suele ser el mejor antídoto para estas situaciones de inquietud y miedo. Lo más probable es que en medio hora ya esté riendo.
En cuanto a la salida, se suele recomendar hablar un poco de lo que ha vivido ese día en el colegio, sin dar demasiada importancia a las situaciones negativas, siempre que estas entren dentro de lo razonable. Si el niño no quiere hablar, dale tiempo, no lo atosigues con preguntas, un error muy común: “Busca un momento tranquilo, sin interrogatorios inmediatos a la salida del cole. Deja tiempo y escúchale con atención”.
En casa, relax




Muchos padres suelen estar muy atentos a cualquier reacción que tenga el niño en casa cuando se muestra aún esquivo o temeroso en relación al nuevo colegio. Y si no quiere brócoli o monta el pollo porque no le dejamos la tablet, automáticamente ya tiene relación con sus problemas en el colegio. No tiene por qué ser así. No saquemos punta a todo: analiza sus reacciones como lo harías en cualquier otra etapa de su vida.
Mantén contacto con los profes y el colegio
La relación padres-profesores es también un reto (para ambos), ya que tienen objetivos (más o menos) comunes, pero, a menudo, métodos diferentes para lograrlos. Pero recuerda que ellos siempre tendrán más experiencia que tú con niños (salvo que seas profesor o pedagogo). Así pues, confía en ellos, en su criterio y en sus consejos: no te queda otra.
En caso de que tu hijo presente una inadaptación escolar más larga de lo que consideres normal, lo primero es hablar con el profesor. Y, entre ambos, elaborar una estrategia conjunta, si es necesario, para acelerar su adaptación. Si los problemas persisten, es hora de hablar con el propio colegio, con su servicio de orientación, y que te expongan cómo ven ellos la situación del peque y que puedes hacer al respecto.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
“Si observamos indicadores de ansiedad tales como insomnio, respiración acelerada, cambios bruscos de ánimo, llanto frecuente y somatizaciones como dolores de barriga”, señala Pepa Fernández, “siempre es recomendable que acudan a un profesional de la psicología infantil que os podrá ayudar de un modo más individualizado”.
Y es que el problema que esté desarrollando en el colegio puede ser una consecuencia de un problema anterior y/o más relevante. Es decir, no siempre es “culpa” del nuevo colegio, sino que el cambio de colegio ha despertado o aflorado un problema diferente. Y eso ya lo debe valorar un profesional.

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