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¿Qué puedo hacer ante un ataque de ansiedad?

Los asaltos de ansiedad son una realidad tan común como molesta. No obstante, los seres humanos no nos encontramos totalmente desamparados frente ellos.

En este artículo realizaremos un repaso a algunas tácticas y pautas que puedes seguir cuando

notes que andas sufriendo un ataque de ansiedad.

¿Qué es un ataque de ansiedad?

Un ataque de ansiedad radica en el hecho de presenciar, durante un periodo de tiempo parcialmente corto, unos niveles de ansiedad significativamente más altos de lo normal, hasta el punto que en determinadas circunstancias puede constituir un inconveniente.

Y por otra parte… ¿qué es la ansiedad? Hablamos de un grupo de síntomas fisiológicos (o sea, relativos a los mecanismos biológicos automáticos e inconscientes de nuestro cuerpo, muy ligados a la segregación de hormonas) y sicológicos (o sea, pertenecientes a nuestras conmuevas, pensamientos y patrones de accionar) que nos predispone a estar alarma y a tener la aptitud de reaccionar con rapidez frente a las primeras señales de que algo no va bien o que podemos perder una oportunidad clave para nosotros.

Si bien normalmente asociemos la ansiedad a una experiencia desapacible, lo cierto es que forma una parte del desempeño habitual del cuerpo humano; durante cientos de miles de años nos ha ayudado a sobrevivir y adaptarnos al entorno, y actualmente lo sigue realizando incluso si nuestro modo de vida nos sostiene lejos de los depredadores del reino animal y no nos exponemos bastante al riesgo de ser heridos físicamente; nos orienta hacia la resolución de problemas urgentes, nos hace tener en nuestro “radar” puntos importantes de las relaciones sociales en las que participamos, etc.

No obstante, ningún producto de la evolución biológica es eficaz, y esto sucede tambíen con la ansiedad. A veces, esta da sitios a patrones de conducta conflictivos que interiorizamos sin percatarnos, e inclusive puede llevarnos a generar problemas añadidos a los que nos están afectando. Por poner un ejemplo, si se dan ciertas circunstancias, la ansiedad puede contribuir a que no estudiemos lo bastante para un examen, a fuerza de postergar las sesiones de estudio con tal de no tener que pensar en el día de la prueba.

Con los ataques de ansiedad suele ocurrir algo similar. A veces, nuestros nieles de ansiedad se disparan a lo largo de varias horas haciendo que debamos de lidiar con un reto añadido a aquel que ha producido esa reacción sensible.

A esto hay que agregarle que en ocasiones nos ponemos muy deseoso sin que exista un desencadenante preciso o una causa simple de detectar. Y esto nos predispone a seguir haciendo más fuerte el ataque de ansiedad, al costarnos regentar nuestras actitudes hacia la resolución de un problema específico más allá de lo mal que nos sentimos. Al obsesionarnos con dejar de sentirnos mal, le prestamos mucho más atención a la ansiedad, y de ese modo perpetuamos esa clase de situaciones. complicando que volvamos a un estado psicológico “de reposo”.

¿Es lo mismo que un ataque de pánico?

Un ataque de ansiedad no es exactamente lo mismo que un acceso de pánico, aunque los dos fenómenos involucran una sucesión de síntomas fisiológicos y sicológicos comunes y es habitual confundirlos entre sí.

Dicho de forma resumida, un acceso de pánico pertenece a una psicopatología, al paso que un ataque de ansiedad es una de las formas en las que nos tenemos la posibilidad de sentir ansiosos, algo completamente natural y que no posee por qué acarrear el hecho de haber desarrollado un trastorno psicológico diagnosticable.

Además de esto, al paso que los accesos de pánico duran varios minutos y genera un malestar muy intenso que va a través de alteraciones radicales en el modo perfecto en el que la persona piensa y siente su ambiente, el ataque de ansiedad es más variable en lo que se refiere a su duración, si bien frecuenta realizarse durante más tiempo y no genera síntomas tan intensos, ni da rincón a distorsiones cognitivas tan evidentes.

Lo cual nos transporta a la otra una gran diferencia entre los accesos de pánico y los asaltos de ansiedad. En los primeros, lo más habitual es que la persona tema por su vida y tenga temor de fallecer, aun si no hay fundamentos objetivos para asumir que se corre riesgo. Por ejemplo, la persona puede creer que se va a atragantar o que va a padecer un ataque de corazón a pesar de no presentar los síntomas.

Así, durante unos minutos, el ataque de pánico nos induce a un estado psicológico en el que pensamos que lo que hagamos puede diferenciarse entre la vida y la desaparición, y percibimos nuestro cuerpo como algo separado de nosotros, que no tenemos la posibilidad de supervisar y que resulta impredecible (ocurre lo que se conoce como desrealización). Los ataques de ansiedad, por su parte, son más bien una alteración cuantitativa de los escenarios de ansiedad que experimentamos en el día a día, y no tanto una perturbación cualitativa de estos; aunque puede formar parte de una psicopatología, comunmente no es así.

¿Qué llevar a cabo ante un ataque de ansiedad?

Si en algún instante notas que estás empezando a desarrollar los síntomas de un ataque de ansiedad, ten en cuenta estos consejos.

1. Excúsate u asiste a un espacio más tranquilo

No es necesario que te obsesiones con buscar un sitio que te ofrezca privacidad completa y que esté completamente en silencio, sencillamente ve a un espacio que ofrezca más tranquilidad que ese en el que andas.

2. Céntrate en tu respiración

Cuando sentimos mucha ansiedad, es esencial no dejar que nuestra mente vaya dando bandazos, por el hecho de que de esa forma va a aumentar nuestra sensación de pérdida de control y alimentaremos la rumiación psicológica, la cual nos muestra una vez tras otra a toda una secuencia de pensamientos recurrentes generadores de estrés.

Para conseguirlo, algo que frecuenta resultar útil es centrar la atención en de qué forma respiramos, haciendo inspiraciones y exhalaciones profundas y pausadas, sin prisas. Esta tarea repetitiva te ayudará a “reajustar” tu estado sensible, y además evitará que la ansiedad te deje con una falta de oxigenación de la sangre.

3. Céntrate en las experiencias del aquí y ahora

En el transcurso de un ataque de ansiedad es conveniente que dirijas tu actividad psicológica hacia las experiencias físicas ligadas a los estímulos del presente, en lugar de perderte en procesos psicológicos complejos socios a los pensamientos abstractos. De esta manera harás “reset” y, desde la aceptación del aquí y ahora, lograras regresar a meditar con claridad sin ceder a las inercias del miedo, las obsesiones, etcétera.

Eso es exactamente el cometido de objetos como las pelotas elásticas antiestrés, aunque no necesitas llevar contigo un elemento de estas peculiaridades. Sencillamente céntrate en aquello que tocas, que escuchas, etc.

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