Flirteo joven en tiempos de COVID

La adolescencia es un tiempo de cambios, de transición hacia la adultez.

Los adolescentes empiezan a ver cómo sus cuerpos se convierten, sus reglas sociales se cambian, las expectativas que tienen otra gente sobre ellos cambian, así como sucede con sus deseos y responsabilidades.

Lo mismo pasa con su sexualidad. Se produce el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios desde la pubertad y con ello comienza a forjarse la identidad sexual adulta, la que incluye la orientación sexual. Esto es, surge el deseo sexual, el deseo erótico en su versión adulta. Es entonces en el momento en que ciertos estímulos, como los nombrados letras y números, toman un cariz erótico.

De esta forma, los adolescentes pueden empezar a gozar de todas y cada una de las fases de la respuesta sexual humana: deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución.

El flirteo en la adolescencia

En esta marejada de cambios, la exploración del mundo y el cuestionamiento de la visión hegemónica adultocentrista se transforman en los ejes de la búsqueda de la propia identidad y la forja de una personalidad única. Para andar en este revuelto mar, los amigos se perfilan como los más destacados camaradas posibles y los padres, mamás y demás adultos se transforman en buques de rescate a los que recurrir cuando el envite de las olas pone en riesgo la integridad del casco.

En esta novedosa exploración de todo el mundo ensayan formas de proceder para poner a prueba los límites (normativos, morales, físicos, sociales, etcétera.). Estos son ensayos para valorar qué caminos tomar. Se trata de una aproximación a eso que consideran que desean ser como personas adultas, para lo que suelen emplear el método de ensayo y error, que consiste en llevar a cabo una acción y revisar el resultado a posteriori.

La búsqueda de sensaciones novedosas a nivel sexual, corporal y socioafectivo les lleva a entrar en contacto con sus pares en espacios de privacidad en un formato que les resulta irreconocible.

Se encuentran en un espacio del que han oído charlar, vieron vídeos o han leído productos y más que nada un espacio del cual tienen expectativas creadas que tratan de cumplir. Es decir, se desenvuelven como han aprendido recopilando información de diversas fuentes como son las diálogos con amigos, las clases de educación sexual, la familia, Internet, las redes sociales o el porno.

¿De qué forma es este espacio de intimidad desde el mes de marzo de 2020?

Entramos en el espacio de la intimidad en tiempos de COVID, el cibercortejo o flirteo online. Más que nada al comienzo, se vio limitado y acotado al mundo virtual.

En los últimos 20 años, el planeta virtual ha ido ganando terreno en la socialización y el flirteo. Al principio se empleaban chats de Internet, llamadas telefónicas o mensajería instantánea. Poco a poco fueron apareciendo comunidades en las que comunicar contenido sobre deseos y experiencias vitales. Estas asimismo eran (y son) empleadas para comprender gente nueva y ligar.

Tras esto surgieron otras especializadas en el trueque sexual. El importancia de las redes sociales ha aumentado sensiblemente gracias a la evolución de los Smartphone, puesto que permiten llevar en el bolsillo una herramienta con la que mantener relaciones sociales, comunicar contenido, entender a novedosas personas y tener prácticas sexuales virtuales y físicas.

Pues bien, estas redes de socialización virtual fueron el principal ámbito de contacto popular en los primeros meses de pandemia. Esto permitió que los adolescentes hayan podido sostener encendida la llama de las relaciones de amistad, de amor y de sexo compartido. Lo cual es una enorme noticia porque están en el instante de experimentar con otras personas distintas maneras de posicionarse en el planeta como seres sexuados maduros.

¿Y si no hubiesen existido estas redes tecnológicas durante la pandemia?

¿Quién sabe cuáles hubiesen sido las secuelas de reprimir de golpe esta necesidad de apertura a el resto y a novedosas vivencias? Indudablemente hubiera salido el tiro por la culata, llevando a malestar psicológico, popular y sensible, formas de proceder disruptivas o desadaptadas con mayor frecuencia y gravedad que las que ya empezamos a observar en clínica derivadas de la pandemia.

En todo caso, el cibercortejo está muy presente en la vida de los adolescentes, singularmente desde el mencionado mes de marzo de 2020. ¿Y de qué manera es este flirteo?

Gran parte de los jovenes está presente en comunidades genéricas (no orientadas al flirteo) en las que distribuyen contenido de todo tipo. Este contenido tiende a ser en formato de vídeo y foto, pudiendo ser aparente por terceras personas. Estas redes permiten la interacción con el contenido de otras personas y, muchas veces, comentarlo públicamente o señalarlo con un “me agrada” se utiliza para empezar a establecer una conversación por mensajería privada en la propia app. Estas interacciones son usadas, frecuentemente, como señales de interés sexual por el protagonista del contenido.

Estos encuentros virtuales dejan que se conozcan y también intercambien impresiones antes de exponerse físicamente ante un individuo desconocida, lo que sirve como filtro y preparación personal.

En estas comunicaciones privadas tienen la posibilidad de darse intercambios de mensajes o imágenes de contenido sexual (sexting). Además de esto, la distancia que aporta el planeta virtual da sensación de seguridad, en frente de la posible experiencia de puerta de inseguridad en el contacto físico. En estas redes pueden ensayar con diferentes identidades virtuales (la mayoría tiene mucho más de un perfil en la misma Aplicación), poner en juego diferentes tácticas y juegos de seducción y estudiar a regular su mundo afectivo-sexual.

Otro aspecto a tomar en consideración es el género de contenido que se publica y, es que, habitualmente se encuentran actividades, retos, poses o movimientos eróticos o sugerentes que llamen la atención de potenciales parejas. Esta erotización del contenido, muchas veces realizado por menores de edad, puede hallarse asimismo en chats y streamings (retransmisión en directo de una partida) de videojuegos. Aun, logrando llegar a ser pseudopornográficas las escenas emitidas.

En ocasiones sucede que este contenido no es erotizado de manera consciente por su protagonista, sino se da por imitación de otra gente influyentes que tienen éxito en la red. Lo cual puede mostrar al joven (en especial a chicas) a un abuso por la parte de quien sí lo ve sexualizado; más grave aún es en el momento en que este es un adulto (grooming). Además, existe el peligro de que el contenido se difunda por la red, perdurando en el tiempo y llegando a multitud de personas desconocidas.

Pese a estos matices, el contenido que suben los adolescentes, normalmente es intencionado. De hecho, es común ver de qué manera se dejan llevar por la deseabilidad popular y presentan perfiles, identidades virtuales, algo alejados de la verdad o distorsionándola para enseñar especificaciones deseables y llamar la atención
Sumado a estas redes sociales genéricas, hay otras específicas para flirtear.

Las hay, incluso, diseñadas para menores de edad. De esta manera, podemos encontrar alguna que permite el ingreso desde los 12 años y cuyos concretes favorecen el anonimato de los competidores, con los riesgos que esto implica. Ciertas de estas redes concretas se tienen la posibilidad de vincular con otras mucho más genéricas y extendidas, con lo que el radio de acción aumenta exponencialmente.

En definitiva

Las aplicaciones y redes sociales virtuales están haciendo una enorme tarea para el cuidado de las relaciones entre jovenes, además de ser un campo de ensayo de las relaciones afectivo-sexuales. Aunque también tienen un lado oscuro, que entraña gran variedad de riesgos que tienen la posibilidad de afectar a su salud. Por lo que debemos fomentar un uso responsable y comprender bien sus entornos virtuales, además de mostrar confianza y disponibilidad para estar a su lado con los problemas que puedan surgirles.

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