Qué es el efecto McGurken

La información visual y auditiva son clave en la comprensión del habla. En el momento en que hablamos con alguien, no nos limitamos a oír lo que afirma, sino también nos fijamos en de qué forma lo dice moviendo sus labios.

La capacidad del charla humana se basa en la integración de información visual y auditiva, algo que queda mostrado en el hecho de que podamos presenciar un interesante fenómeno ilusorio: el efecto McGurk.

Se puede decir que este peculiar fenómeno se da cuando oímos con los ojos, realizando que lo que oímos cambie en función de lo que observamos. Descubramos exactamente en qué radica este atrayente efecto visuoauditivo.

¿Qué es el efecto McGurk?

Solemos opinar que nuestros sentidos funcionan de forma sin dependencia: cuando oímos, sólo oímos; y en el momento en que observamos, sólo observamos. Partiendo de esta creencia, sería razonable meditar que un estímulo visual no es con la capacidad de distorsionar nuestra forma de percibir el sonido. Sin embargo, la verdad es que sí puede, puesto que nuestras experiencias perceptivas son producto de un complejo proceso de mezcla de información, misma mezcla que da origen a un peculiar fenómeno: el efecto McGurk.

Seguro que en más de una ocasión has mantenido una conversación en un ambiente demasiado ruidoso. Puede que fuera en una discoteca, en la terraza de un bar de una calle muy recorrida o en el aula de un centro. En el momento en que hay ruido elevado de fondo nos cuesta comprender lo que nos dice la persona que poseemos justo enfrente y, con tal de poder comprender algo, utilizamos el viejo y también instintivo truco de ver su boca mientras que charla.

En estas situaciones, la información visual y la auditiva no se analizan por separado, sino que se mezclan. El cerebro humano tiene una región llamada surco temporal superior, el cual está experto en conjuntar los dos tipos de información, en los ejemplos que hemos dado se ocuparía de conjuntar los fonemas que pronuncia nuestro interlocutor con el movimiento de sus labios.

Gracias a esta capacidad para conjuntar información multimodal, el surco temporal superior es el ámbito neurológico donde se produce el ilusorio efecto McGurk, que no sería más que el resultado de un fallo en la decodificación del mensaje al interaccionar 2 formas sensoriales diferentes, haciendo que lo que observamos no coincida con lo que oímos.

Si hacemos una búsqueda rápida en Youtube, podemos encontrar más de un vídeo en donde se muestra de forma práctica este fenómeno. Este enlace nos dirige a un buen ejemplo de este fenómeno:

En este caso en concreto, la persona del vídeo pronuncia todo el tiempo /ba/, sin embargo, en función de de qué manera mueva los labios se puede oír o bien /ba/ o bien /pa/.

Este efecto también puede darse con otras combinaciones de sílabas. Por poner un ejemplo, se puede conseguir con la combinación /ka/ (visual) y /pa/ (auditiva), la cual da rincón a la percepción de /ta/. Otro ejemplo sería ver a alguien que hace movimientos con los labios que se corresponden con la sílaba /ga/ pero mientras que se emite la sílaba /ba/ se va a percibir como /da/.

La forma en cómo escuchamos un mismo sonido varía drásticamente según si nos fijamos en la forma en de qué manera mueve los labios la persona que nos habla. Esto no solo afecta a la percepción de conjuntos simples de sonidos tal como lo son las sílabas, sino también se ha comprobado que marcha con frases completas, aunque seguramente tú mismo hayas sido testigo de esto en alguna de las situaciones que hemos mencionado antes.

Entre los primeros descubrimientos relacionados con el efecto McGurk y la interacción entre costumbres sensoriales es que tener la posibilidad de ver de qué forma desplaza los labios nuestro interlocutor optimización considerablemente el volumen de lo que oímos.

Se ha visto que nos ofrece la sensación de oír hasta 15 decibelios mucho más fuerte los fonemas en el momento en que poseemos al emisor dentro de nuestro campo visual. Esto se da incluso cuando las condiciones acústicas no son adversas como, por servirnos de un ejemplo, estar en una habitación sin sonido alguno o en un lugar calmado.

Historia de su descubrimiento

Este fenómeno fue descrito por primera vez en 1976 en un producto del psicólogo cognitivo británico Harry McGurk adjuntado con su compañero John MacDonald que se titula “Hearing lips and seeing voices” (“Escuchar labios y ver voces”). Su estudio original iba a consistir en investigar sobre los patrones de imitación de un grupo de niños que estaban desarrollando la capacidad del charla y el ensayo implicaba presentarles múltiples vídeos de personas pronunciando diferentes sílabas.

No obstante, ocurrió un fallo en la reproducción. El técnico encargado de montar el vídeo se equivocó e logró que imagen y sonido no se sincronizaran, haciendo que se viera la grabación de una persona pronunciando algo que no se correspondía con el sonido que se oía.

En el instante de reproducir el vídeo, McGurk y MacDonald escucharon un tercer fonema en lugar del que se articulaba con los labios y el que se emitía. Fue la serendipia lo que deseó que estos 2 estudiosos descubrieran esta peculiar ilusión auditiva.

Su relevancia en el estudio del charla humana

El descubrimiento de este efecto es considerado una prueba de que el sistema visual y el auditivo han evolucionado en conjunto para aceptar, entre otras cosas, un mejor procesamiento del habla. Nuestro sistema visual nos ayuda a discriminar sonidos que son difíciles de diferenciar, una ventaja que realizan la gente sordas cuando leen los labios.

Poder ver de qué manera nuestro interlocutor mueve los labios aumenta la confianza sobre el mensaje percibido a través del sistema auditivo. Esto es, si 2 sistemas independientes apuntan hacia la misma solución, en un caso así el mismo mensaje, se confía más en ese mensaje que si sólo lo recibimos mediante un canal.

Cabe nombrar que el efecto McGurk no se produce automáticamente. A fin de que se dé, es requisito que prestemos atención a nuestro interlocutor y, cuando se integran estímulos distractores, tanto visuales como auditivos, esta ilusión se ve atenuada.

De hecho, esto prueba que el efecto no se debe a una mala recepción de la información visual o auditiva, sino más bien a un error en la integración de esas dos costumbres sensoriales.

Otro hecho que da fuerza a la iniciativa de que el sistema visual apoya al auditivo es que, cuando observamos a una persona que nos charla pero no tenemos la posibilidad de oír en lo más mínimo lo que nos comunica, no solo se activa nuestra corteza visual, sino que también lo realiza la auditiva, si bien no estemos escuchando nada.

El efecto McGurk y las disfunciones cerebrales

Se ha visto que las lesiones en el cerebro y padecer disfunciones en habilidades lectoras, además de manifestar trastornos mentales, influye en la posibilidad de que se dé el efecto McGurk.

Las personas que han padecido una callosotomía expresan el efecto McGurk de forma más lenta. Aparentemente los pequeños con trastorno específico del lenguaje presentan el efecto McGurk de forma mucho más desgastada en comparación con esos niños que no presentan trastornos de la adquisición del lenguaje ni dificultades de lectoescritura.

Asimismo influye la lateralidad, viéndose que las personas diestras son más dispuestas a experimentar este efecto.

El efecto McGurk en diferentes idiomas

Al margen de qué lengua se hable, sus hablantes dependen, en algún nivel, de la información visual durante la percepción del habla. Sin embargo, se ha visto que la intensidad del efecto McGurk varía de lengua en lengua, viéndose que en idiomas como el español, el turco, el italiano, el neerlandés, la lengua inglesa y la lengua alemana sus hablantes experimentan este efecto de forma mucho más fuerte que los hablantes de chino y japonés.

Que los hablantes de lenguas asiáticas presenten el efecto McGurk con menor frecuencia puede deberse a la práctica cultural de eludir el contacto ocular. Añadido a esto, el chino y el japonés específicamente son dos idiomas con construcciones lingüísticas muy silábicas, usualmente de tipo consonante+vocal y consonante+vocal+consonante, lo que los hace singularmente habilidosos en la detección de sílabas al margen de de qué forma mueva los labios su interlocutor.

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