3 claves para contribuir a tu hijo a tolerar la frustración y el mal

Igual que hay días soleados y otros días en los que las nubes lo cubren, también hay días o instantes donde sentimos alegría y otros en los que es la frustración, la tristeza o el mal lo que nos inunda.

Para conseguir tener salud mental es primordial estar listos para todas y cada una estas ocasiones. A lo largo de años la psicología efectiva ha hecho mucho daño a este respecto, animándonos y dirigiéndonos a enterrar el mal en lo más profundo de nosotros tal y como si hubiese un lugar donde por arte de magia las conmuevas desapacibles tengan la posibilidad de ocultar sin más ni más.

Todas las conmuevas, tanto agradables como desapacibles suponen un cambio en la continuidad eléctrica de las células y su composición química. Este proceso es primordial para la supervivencia y para la adaptación a la vida. Las conmuevas desapacibles, que no negativas, no se pueden soterrar en los submundos de nuestro interior sin más; por contra, esto conlleva con el tiempo, una alta probabilidad de enseñar nosología.

La relevancia de gestionar las conmuevas desagradables

No se trata por consiguiente de que no duela, sino de aceptar y estudiar a manejarnos en el mal. Quizá todo sería mucho más fácil si desde pequeños conociéramos el mundo desde un prisma y una observación real, que nos mostrara el planeta tal y como es, ayudándonos y dotándonos de canales sanos para conducir esta clase de situaciones a las que todos y cada uno de nosotros nos observaremos expuestos durante toda nuestra existencia.

Nuestros hijos se miran, se conocen y conocen el mundo por medio de sus cuidadores principales. Su cerebro nace sin constituir, y es a través del estudio, a través de sus cuidadores, como adquieren estas creencias y entendimientos sobre sí mismos y sobre el planeta que les circunda.

Somos sus acompañantes y sus guías en un sendero de maravilloso hallazgo, somos maestros de maestros donde probablemente la mayor parte de nosotros no hayamos mirado al mundo jamás así pero donde gracias a la neuroplasticidad del cerebro, en lugar de anclarnos en el mundo de la culpa y el fallo, podemos aprender, podemos incorporar esta información a nuestras redes y ofrecer a nuestros hijos opiniones y canales para enfrentar el increíble reto de la vida desde la seguridad.

1. Explícales que las conmuevas son importantes y primordiales

Todas y cada una de nuestras emociones son nuestras mucho más preciadas mensajeras. Nos traen valiosísimos mensajes, unas ocasiones agradables, otras no tanto, pero todas son primordiales y naturales y todas y cada una ellas tienen una función. Acompáñale en todas y cada una de ellas y da un modelo de aceptación y sostén desde la calma.

Si como adulto estás desregulado o agotado, permítete primero tu tiempo y tu cuidado y solo cuando estés tranquilo bríndale este acompañamiento.

2. Cuéntales desde pequeños que el sufrimiento pertenece a la vida

Y cuéntaselo tal es así que logre entenderlo. Usa ejemplos del reino animal y la naturaleza.

Voy a contarte un enorme misterio que puedes almacenar en tu corazón para siempre y es esencial que escuches con atención: el sufrimiento forma parte de la vida y es natural. Igual que los árboles dan frutos y otras veces se desprenden de sus hojas… igual que la mariposa antes de poder volar padece la oscuridad del capullo, y el ahínco de romperlo… Igual que el oso se queda inmovil, dormido y protegido en invierno antes de corretear en primavera… igual que el árbol rompe su composición para lograr medrar…

Igual que el águila, en el momento en que tiene 40 años tiene que tomar la resolución de dejarse fallecer o renovarse y si escoge renovarse tendrá que resguardarse en un nido y golpear su pico y pasará cinco bien difíciles meses hasta tener un nuevo pico y nuevas plumas que le permitan volar de nuevo…

Sabes, igual que todo lo mencionado, los seres humanos también pasamos momentos agradables y desapacibles, así nos sucede y a ti asimismo te ocurre, y te va a ocurrir y es natural, y me chifla estar a tu lado en tu alegría, cuando tu sol brilla y también me encanta acompañarte en tu dolor, cuando las nubes lo tapan.

3. Actúa como modelo, practícalo con él y ofrécele un canal de salida

Vamos a tumbarnos sobre la yerba o en la playa o en un banco del parque, Boca arriba mirando las nubes, y vamos a imaginar que la nube es el dolor, que es el sufrimiento, el malestar. ¿Semeja que no se mueve verdad? Parece que jamás se irá.

La verdad es que si observamos podemos ver de qué forma lentamente, de a poco, la nube sigue su curso natural y se marcha moviendo hasta que al final siempre y en todo momento acaba yéndose.

Recuérdale esta historia toda vez que sienta dolor y acompáñale recordándole que él o ella siempre es mucho más grande que su nube, mucho más grande que su malestar, que el sol terminará saliendo y que, mientras tanto, tú siempre vas a estar feliz de permanecer a su lado.

En conclusión…

Si acompañamos al niño tanto en las emociones agradables como en las desagradables, las naturalizamos, les ayudamos a identificarlas por el hecho de que no las conocen, las etiquetamos, le ofrecemos una forma física, les ponemos ejemplos y les ofrecemos un modelo y herramientas para conducir cada una de estas ocasiones, y lo hacemos desde la alegría y el amor, la mente del niño estupendamente plástica se desarrollará con resiliencia, capaz de afrontar cualquier frustración o mal desde el amor propio y como es natural no olvidemos que unido a este enorme reto cometeremos millones de fallos como cuidadores porque de esta forma es el ser humano y por el hecho de que el fallo es inherente al aprendizaje, y esto asimismo es natural.

Águeda Centenera Ramos

El hecho es que, aunque como cuidadores o guías haya situaciones en las que nos desregulemos, si la mayor parte o al menos el 30 o 40% de estas oportunidades podemos acompañar, mantener o incluso reparar, esto va a ser suficiente a fin de que el niño incorpore estas herramientas que, sin duda, van a suponer la mejor herencia que tenemos la posibilidad de dejarle tanto a nuestros hijos, como a la propia humanidad.

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