18 leyendas ecuatorianas cortas para entender el folclore del país

Las leyendas y mitos ecuatorianos varían según la zona. En el artículo te traigo una recopilación de las historias mucho más famosas y representativas de Ecuador. Entre ellas destacan la cantuña, la doncella de Pumapungo, la princesa triste de Santa Ana, el demonio del barranco, entre otras.

Ecuador es un país lleno de todo tipo de historias, muy variadas según la zona que se visite.

Fantasmas, diablos, duendes, damas fantasmales y individuos más terrenales son los que protagonizan estas historias, vivas pruebas del rico folclore ecuatoriano.

Ahora descubriremos unas cuantas leyendas ecuatorianas de diferentes regiones del país.

18 leyendas ecuatorianas muy interesantes

Ecuador es un país parcialmente pequeño, pero muy grande en lo que cultura tiene relación. Su folclore está muy vivo y es rito no solo en ritos y festivales, sino también en mitos y leyendas.

Sus historias, mezcla de la mitología precolombina y las aportaciones de los conquistadores europeos, son una viva y también interesante prueba de la cosmovisión del país sudamericano.

A continuación observaremos múltiples leyendas ecuatorianas, ordenadas según la zona de este país latinoamericano de donde brotan.

Sierra

Ciertas historias de la Sierra ecuatoriana son las siguientes.

1. Cantuña y su pacto con el diablo

Todo el que que haya visitado la ciudad más importante de Ecuador, Quito, se habrá dado cuenta de que es famoso el nombre de Cantuña y la historia de historia legendaria que lo acompaña. La crónica de esta leyenda va a depender del lugar y la persona que la cuente, pero sea como sea su peculiar forma de contarla todos tienen en común exactamente la misma historia de fondo.

Unos dicen que Cantuña era un mestizo, hijo de madre indígena y padre español, al paso que otros especulan que se trataba de todos modos del hijo de Hualca, ayudante del popular inca Rumiñahui, del que se cuenta que ocultó el oro inca a los conquistadores españoles.

Fuera cual fuera su origen, la historia cuenta que el sacerdote de Quito estaba con la iniciativa de construir la futura Iglesia de San Francisco en la ciudad y que le preguntó a nuestro personaje si era capaz de construirla. Cantuña, honrado por similar encomienda, respondió que sí, que él se encargaría de crear el nuevo templo.

Así, satisfecho el sacerdote por haber encontrado alguien dispuesto a tan enorme trabajo, dejó todo a cargo de Cantuña. Pero, al pasar el tiempo, nuestro protagonista vio que no tendría tiempo ni recursos para acabar el trabajo y, atormentado, rezó a Dios por varios días para que hiciera caso de sus plegarias, a ver si le ayudaba, pero tristemente no escuchó ninguna contestación.

La desesperación de Cantuña ahora era tal que se vio obligado a rezarle justo a quien no hay que rezar: el Diablo. En contraste a Dios, el señor del inframundo acudió presto a su llamada. Tras oír las petición de Cantuña, el Diablo le dijo que le asistiría a finalizar la iglesia rápido pero, a cambio, le debería ofrecer su alma, trato que nuestro protagonista estuvo en concordancia.

Cantuña era muy listo, y se atrevió a solicitarle al Demonio poner una cláusula al trato en el que si, al instante de efectuar el encargo el trabajo no se encontraba efectuado antes de las 6 de la mañana, el trato se anulaba. El Demonio, que no dudaba para nada de sus poderes ni de la capacidad de sus secuaces infernales, se encontraba mucho más que convencido de que el templo estaría listo antes de llegar a esa hora.

El Diablo mandó a sus diablillos a la zona de construcción quienes, temerosos de la furia de su líder, se pusieron manos a la obra para terminar la Iglesia. Tan endiabladamente ocupados estaban y ensimismados en lo que hacían que no se dieron cuenta de que Cantuña retiró un ladrillo mientras se encontraba aún fresco y observaba como los secuaces del mismísimo señor de las tinieblas estaban trabajando creando un templo para Dios.

Pasaron las horas y el templo parecía acabado. El Diablo se presentó frente Cantuña y justo enfrente del atrio del nuevo templo el señor del inframundo demandó su trato, llevarse el alma de Cantuña. De fondo estaban sonando las campanas que indicaban que eran las 6 de la mañana y, mientras el Diablo se preparaba para recibir su recompensa, el quiteño empezó a reírse, invitándole a que comprobara si verdaderamente estaba terminado el trabajo. El Diablo y sus diablitos observaron que no, que hacía falta justo un ladrillo y que, por consiguiente, no se había cumplido el trato.

Y de este modo fue como el hábil Cantuña engañó al Demonio haciéndole trabajar para Dios, logrando satisfacer al sacerdote de Quito y ganándose el mérito de haber construido un templo él solito.

2. El Guagua Auca

En la mitología ecuatoriana, diríase que el Guagua Auca es un demonio desarrollado por el alma de un niño que nació y murió sin llegar a ser bautizado. Su espectro tétrico se muestra frente a los borrachines que pisan las calles a altas noches de la noche, asustándoles con un horrible chillido incesante que desespera hasta a la persona mucho más cuerda.

Los incautos beodos buscan desesperados el origen del chillido hasta el momento en que hallan de donde aparece. La primera cosa que ven es una escena triste, un pobre niño recién nacido que debe haber sido abandonado por su madre y que lo ha envuelto en una manta a ver si alguien se hace cargo de él. ¿Quién dejaría a un pobre bebé descuidado ahí? Los borrachos, en una muestra de compasión, lo cogen para cuidarlo.

Pero la verdad es que los pobres son ellos, tan bebidos que están que no van con precaución. Horas después se dan cuenta del error que han cometido, viendo de qué forma el bebé cambia completamente de fisionomía y el supuesto niño se transforma en un demonio, personaje principal de la peor pesadilla que se les logre venir a la cabeza.

Dicen que no pocos son los hombres que, tras una noche de juerga ebria, fueron encontrados fallecidos y con espumarajos en la boca, víctimas de su halla con el Guagua Auca.

3. Los orígenes de los Cañaris

Los cañaris eran una etnia que vivía en las presentes provincias de Azuay y de Cañar. Se cree que su nombre tiene relación con la idea de creer ser descendientes de la culebra y la guacamaya, dos figuras que tienen esencial relevancia en la cosmovisión de este pueblo y del Ecuador moderno.

Según cuenta la leyenda, en aquellas tierras la diosa Pachamama mandó un diluvio que cubrió hasta la cima de la montaña mucho más alta. Todo fue destruido a su paso, y solo dos hermanos subsistieron quienes a duras penas lograran llegar a una cima que todavía no estaba cubierta de agua. Tenían la promesa de que en algún momento el nivel del agua bajaría, y decidieron aguardar ahí.

Pero el agua no bajaba, y no tenían forma humana de hallar comida con lo que en cuestión de días comenzaron a desfallecer. Pero para su fortuna, y justo cuando estaban a puntito de fallecer por apetito, los hermanos descubrieron una cueva en la que había comida. Volvieron al día después y volvió a aparecer comida, como si por arte de birlibirloque se tratara.

No comprendían qué era lo que pasaba hasta el momento en que un día se dieron cuenta de que 2 mujeres con forma de guacamaya eran las que les dejaban ahí alimentos todos los días. La hermosura de sus plumas y sus siluetas femeninas enamoraron a los 2 hermanos, cuyo amor fue correspondido y con ellas tuvieron muchos hijos. De esos hijos nacerían otros hijos, quienes serían los primeros pobladores del Cañar.

4. La doncella de Pumapungo

Pumapungo era el destino de descanso favorito por los emperadores incas. Localizado en la presente Cuenca, en la provincia de Azuay, este lugar estaba impresionantemente decorado y actualmente es posible deleitarse con los restos que todavía quedan del establecimiento, un lugar en el que se dice que se encontraba una fuente sagrada de empleo exclusivo para el emperador.

Pero la leyenda no se centra en la fuente del inca, sino más bien de sus doncellas. Atendido por unas mujeres llamadas las Vírgenes del Sol, estas eran criadas desde pequeñas en distintas artes y habilidades que empleaban para entretener a sus emperadores. Una de estas Vírgenes exclusivas para el emperador incaico tiene por nombre Nina, bella y frágil mujer.

Si bien se encontraba prohibido para las Vírgenes del Sol que vivían en Pumapungo, Nina terminó enamorándose de entre los sacerdotes del templo. Este amor era mutuo, haciendo que este par se reuniera en las noches de Luna Llena en los jardines del rincón, viendo las estrellas y disfrutando de la brisa nocturna que, como ruido de fondo, daba ámbito a la pasión de los dos amantes.

Pero su misterio no duró bastante. Cuando se enteró el emperador, lleno de furia y cólera, mandó matar al sacerdote como castigo, pero no de esta manera a Nina. Nina no fue ejecutada, pero tampoco fue informada del hecho. En verdad, el emperador inca ordenó que no se le afirmara nada de lo que había sucedido, que siguiera pensando que su amor se encontraba vivo.

La desgraciadamente ignorante Nina seguía acudiendo al sitio que antes era el nido de amor de ella y su amante. Iba y volvía a ir, pero su apasionado no asistía a sus encuentros. Un día, tras llevar ya varios intentos sin éxito, murió de pena al no volver a conocer a su amante. La leyenda cuenta que ella sigue ahí, que en exactamente las mismas noches de Luna Llena que disfrutó del amor de su amante actúa y su lamento se puede percibir en las ruinas del rincón.

5. La historia de historia legendaria del padre Almeida

En Quito se escucha bastante una frase: “¿Hasta cuándo, Padre Almeida?”. Dicen cada 2 por tres, pero pocos son los quiteños que saben cuál es la historia detrás de ella. ¿Quieres saber cuál es? Esta es…

La historia avanza en la ciudad de Quito, como no, en concreto en su centro histórico. El padre Almedia forma parte de entre las leyendas ecuatorianas mucho más populares debido a que es de lo mucho más jocosa.

Diríase que este emisario de Dios salía por las noches a refrescar el gaznate tomándose su trago de aguardiente religiosamente. En el momento en que se le presentaba la oportunidad para ignorar sus obligaciones eclesiásticas, el bueno del padre Almedia brincaba de una torre y slaía hacia la calle.

Érase una de esas tantas noches que salía que, de repente, escuchó una voz a lo lejos que le afirmaba:

  • ¿Cuándo será la remata vez que lo hagas, Padre Almeida?.

Incrédulo, el sacerdote respondió en lo prominente:

  • Pues hasta el momento en que vuelva a tener ganas de otro traguito.

Hay quienes comentan que no dijo eso, sino que soltó una frase que algunos podrían considerar hasta un tanto blasfema:

  • ¡Hasta la vuelta de nuestro señor Jesucristo!

Sea como sea, esa misma noche, tras haber estado tomando tanto en el bar, se encontró con una marcha fúnebre camino al cementerio.

Al irse, se chocó con el féretro y se quedó asombrado al ver lo que vio, quedando mucho más pálido que un fallecido. La persona que se encontraba dentro del ataúd era nada más y nada menos que él mismo, fallecido por algún incidente por pasarse con el alcohol.

De repente, el alcohol que tenía en sus venas se evaporó del tremendo susto que se llevo, recuperando la sobriedad en un santiamén. Corrió y corrió hasta la iglesia y prometió a Cristo que no volvería a tomar ni gota de brebaje alguno.

Dicen la gente que visitan exactamente la misma iglesia donde trabajaba el padre Almedia que el cristo del sitio traza en sus labios una ligera sonrisa, como de haber ganado. Se cree que es por haber logrado que el padre Almeida dejase el alcohol, satisfecho Cristo por haber logrado que las ovejas vuelvan al rebaño.

6. La veleta de la catedral de Quito

En tiempos coloniales, Quito era el lugar de residencia de un poderoso caballero lleno de riquezas, pero que también estaba lleno de orgullo y prepotencia. No tenía reparo alguno en insultar o despreciar a todo el que que se cruzase por su sendero, pues se sentí el hombre más esencial del mundo.

Tanto era su desprecio por todo y por todos que, un día volviendo borracho a su suntuosa casa, se detuvo frente la majestuosa veleta en forma de gallo de la catedral de Quito. Cualquier persona normal se hubiera quedado fascinada frente ese instrumento, pero él, como no, no ha podido evitar dejar caer brutalidades y también insultos:

  • ¡Ese gallo es patético! ¡Menuda broma de gallo! ¡Más que un gallo, semeja un pavito temeroso y absurdo!

Pobre y tonto cretino por el hecho de que, para sorpresa del maleducado caballero, el gallo tomó vida y no le sentaron muy bien las palabras que le soltó. El ave se descolgó de la veleta para atacarle ferozmente, sin piedad alguna. Las heridas que le hizo al caballero tiñeron de rojo las caras y elegantes vestiduras de nuestro prepotente personaje principal.

Por la mañana siguiente, el caballero despertó en su cama apreciando el escozor de todas las marcas de picotazos y sangre solidificada por su cuerpo. Su memoria le fallaba, ¿a caso fue verdad o producto de su borrachera? No lo recordaba realmente bien, pero el daño en su cuerpo era tan real como dura es una piedra.

Desde entonces se le bajaron un poco los humos y, además, no volvió a atreverse a pasar por enfrente de la catedral de Quito.

7. Atahualpa

Atahualpa fue uno de los emperadores incas mucho más conocidos de la historia ya que fue el último soberano incaico antes de la llegada de los conquistadores españoles y, también, por el hecho de que fue un líder sanguinolento, con un accionar salvaje en la batalla. Diríase que todo cuanto sabía en el arte de la guerra se lo enseñó su padre, Huayna Cápac.

Cuenta la leyenda que, durante su niñez, Atahualpa estaba por los bosques de Cuzco en busca de poder apresar algún animalillo para su diversión. Mientras deambulaba por el lugar se cruzó en su camino un bello guacamayo que se posó en la rama de un árbol. El joven Atahualpa quería tener esa ave como trofeo, así que decidió ir a por él y no paró hasta el momento en que consiguió matarlo.

Orgulloso con su parte, volvió a casa para mostrarle el premio a su padre, sabiendo que se trataba de un ave bien difícil de hallar. Sin embargo, inmediatamente antes, Atahualpa se topó con su madre, la reina Pacha, mujer sabia que le dio una hermosa y valiosa lección:

“Al enemigo unicamente se le agrede en la guerra, en tanto que tiene armas para lograr defenderse”

Entonces cogió el ave y le logró a su hijo un tocado para que siempre recordara esas sabias palabras.

8. Leyenda del Tesoro de Atahualpa

La leyenda del tesoro de Atahualpa pertence a las historias ecuatorianas más recordadas. Todo ocurre en tiempos de la conquista de españa, en el momento en que los conquistadores consiguen atrapar a Atahualpa.

Intentando de recobrar la libertad, Atahualpa ofreció una cuarta parte lleno de oro y 2 cuartos llenos de plata, acuerdo que admitieron los españoles. Los elementos y piedras hermosas empezaron a llegar a la ciudad de cajamarca donde se encontraba Atahualpa capturado pero, lamentablemente, la distancia afectó el acuerdo haciendo que no se consiguiera todo lo pactado y, por ello, los españoles acabaron matando al líder inca.

Al enterarse de la muerte de Atahualpa, Rumiñahui decidió ocultar el resto del botín para que los españoles no lo vieran como castigo por haber roto el acuerdo. Esto hizo que la conquista española se dividiera, ofuscada en la búsqueda del resto del tesoro, haciendo que Francisco Pizarro se dirigiera por un camino al tiempo que Sebastián de Benalcázar siguó la búsqueda para encontrar a Rumiñahui.

Consiguieron capturar a Rumiñahui que fue quemado en la plaza de Quito, pero el lugarteniente de Atahualpa no fue atrapado y él permaneció oculto con el tesoro inca. La historia de historia legendaria prosigue bien viva y llegó a motivar a efectuar múltiples expediciones en búsqueda del tesoro de Atahualpa, pero nunca se ha encontrado. Quien sabe si cualquier día el mito se vuelva situación…

Costeras

Historias del Ecuador costero.

9. La princesa triste de Santa Ana

En lo que hoy se conoce como Guayaquil vivía un rey que tenía una gran riqueza en sus fortalezas. Pese a ser riquísimo, no ha podido evitar que su hija cayese enferma de una extraña enfermedad de la que no se encontraba cura.

Un día apareció frente al rey un hechicero, un hombre que se ofreció a sanar la salud de la princesa en lugar de todas y cada una de las riquezas reales. El rey, a pesar de estimar a su hija, también deseaba la enorme fortuna que poseía, así que le mencionó que no. Como producto de su negativa, el hechicero se enfadó y lanzó una maldición sobre las tierras que habitaba el rey, condenando a él y a su pueblo a la desaparición.

Siglos más tarde, con la llegada de los de europa, uno de los expedicionarios españoles que escalaba entre los cerros de la región se encontró con una hermosa princesa. La chica le dio 2 opciones al joven conquistador: o tomar una bella ciudad llena de oro o casarse con una mujer leal y devota.

El joven conquistador optó por ser pragmático, eligiendo la localidad de oro, resolución que no alegró a la princesa. Enfadada, conjuró una maldición sobre él al paso que el conquistador, aterrado, empezó a rezarle a la Virgen de Santa Ana para que lo salvara, cosa que le concedió. Es por esta razón que el cerro donde fue fundada la ciudad de Guayaquil fue bautizado con el nombre de Santa Ana.

10. El demonio del barranco

Cuenta una leyenda ecuatoriana que hay un demonio que vive en los acantilado cerca de los ríos. Su afición es buscar viviendas que hayan sido construidas en sus bordes, para tirarlas sobre las aguas del río.

Una noche, el demonio se disfrazó de un apuesto hombre, de trato cautivador y aspectos atractivos que, con la intención de tumbar una casa con sus habitantes dentro, hechizó la familia que ahí vivía para que fueran pronto a reposar.

Hipnotizó a todos, salvo a uno, un niño que logró ocultarse bajo una silla y huyó para soliciar ayuda a un sacerdote. El cura llegó a tiempo, soltó unos rezos y salvó la casa y a toda la familia de caer al río.

11. La dama de Guayaquil

La historia de historia legendaria de la dama de Guayaquil es una historia que se extendió a inicios del siglo XVIII y sigue siendo muy contada entre los ecuatorianos. Cuenta la narración de como una mujer muy elegante, con vestido negro y velo en la cara, se aparecía a los hombres que rondaban las calles estando borrachos. Los hombres no podían ignorarla, ya que la mujer era misteriosa y atractiva, envuelta en una dulce fragancia.

Los hombres iban tras la dama, pero jamás lograban alcanzarla. Iban corriendo por las calles, dando tumbos estando bajo los efectos del alcohol, hasta el momento en que conseguiían alcanzarla a pocos metros del cementerio general. Era justo en ese momento en que la mujer se daba la vuelta, se quitaba el velo y lo que era una fragancia frutal y dulce se convertía en un olor nauseabundo. Su cara mostraba su auténtica forma: la calavera de una fallecida.

Los hombres quedaban atónitos frente a la cadavérica figura cuya peste les hacía convulsionar en el suelo hasta el momento en que fallecían entre vómitos y espumarajos, con los ojos en blanco y en una posición patética. Era el castigo de la dama hacia los tunantes, borrachos y también infieles a sus esposas.

12. Los duendes de Ecuador

El duende es un personaje presente en muchas zonas de Ecuador según la mitología de la región. Este ser habita los bosques y las junglas del país, reposando sobre grandes rocas en los río, vistiendo ropas oscuras y llevando un enorme sombrero. Hay quienes creen que no son duendes aislados, sino que forman toda una comunidad que se distribuye durante cuevas, desfiladeros y ríos por todo el país.

Los duendes acostumbran a enamorarse de jóvenes preciosas que comienza a seguir. Trata de llamar su atención arrojando piedras o lanzando silbidos, y se muestra muy celoso en el momento en que se muestran las parejas de las chicas de las que se ha enamorado.

13. El pacto de Emilio Estrada con el diablo

Emilio Estrada fue presidente del consejo municipal de Guayaquil y presidente de la república por pocos meses. Resaltó por ser útil a su ciudad en el campo laboral y privado. Intentó servir a su país, pero, después de ganar la presidencia en las elecciones de presidentes tuvo que rechazar al verse muy afectado su estado de salud.

Pero la historia de historia legendaria se posiciona por un tiempo en después de su muerte. Se dice que habría vendido su alma al diablo, sin comprender muy bien el motivo. Sea como sea, el presidente ordenó construir un mausoleo de cobre para impedir que el Demonio se llevara su alma. El Demonio, enfurecido por no poder agradar su pacto, mandó custodiar el mausoleo a sus diablos y no dejar descansar al presidente Estrada.

Hay quienes comentan que han visto a un hombre elegantemente vestido dando paseos cerca del mausoleo de Estrada. Este hombre charla con los viandantes, charla con quienes aguardan el transporte público y también, incluso, se protesta del tiempo adjuntado con las personas mayores. Aseguran que ese hombre es el mismísimo ex- presidente, que sale a ofrecer un volteo de su sempiterno descanso.

14. Umiña, la diosa manteña

Umiña era la hija de una sacerdotisa y un sabio cacique de la región de Manta, en la costa de Ecuador. La joven era muy reconocida en su pueblo por tener unos ojos verdes color esmeralda, nada recurrentes entre los originarios del rincón.

Por desgracia, Umiña presenció con esos ojos el asesinato de su madre y, tras poco tiempo después, como su padre moría en condiciones un poco extrañas. La fortuna no mejoró, puesto que Umiña acabó siendo asimismo asesinada cruelmente poco después, contando la historia que fue por orden de su madrastra, una hechicera que extrajo su corazón y que se estima que estuvo implicada en la desaparición de su padre.

La leyenda dice que el corazón de Umiña se transformó en una hermosa y gran esmeralda roja y que, al darse cuenta el pueblo de este milagro, todos los pobladores del mismo se fueron ahí a venerar la piedra y construir santuarios en su honor. Aseguran que quienes tocaban la gema veían con gozo y promesa como sus dolencias sanaban.

Amazonas

Historias del Ecuador amazónico.

15. Etsa y el demonio Iwia

Iwia era un demonio que acostumbraba a atormentar a la comunidad shuar en la selva. Un día, este ser devoró a todos los miembros de una familia, excepto un pequeño niño llamado Etsa a quien cogió y se lo llevó a su guarida, criándolo y haciéndole opinar el demonio que él era su padre.

Etsa medró y el demonio le confió la tarea de traerle pájaros para poderlos tomar como postre. El niño cumplió con su misión, hasta que un día se dio cuenta de que ya no quedaban más aves en el bosque, a excepción de una paloma llamada Yapankam de la que se realizó amigo.

Esta le contó la historia real, lo que Iwia le había hecho a sus reales progenitores y le dijo que la forma de devolver las aves a la selva era introducir plumas en una cerbatana y soplar. Y de este modo lo hizo Etsa, quien también decidió matar al demonio como venganza con lo que le hizo a sus progenitores y liberar a las aves de su yugo.

16. Kuartam, el sapo

Esta es la historia de un cazador de la cultura shuar, quien se internó en el bosque. Su mujer, muy preocupada la mujer, le había advertido que no se burlara del sonido que emitiera un sapo en caso de que se lo encontrase.

Dio la al azar que el cazador se halló en su sendero con el sapo quien logró su peculiar sonido, un croac del que el hombre no pudo eludir reírse y también imitar en tono jocoso. El humano se lo pasaba bien, pero el anfibio no tanto y, enfadado, el sapo se convirtió en un puma que se comió una parte del cuerpo del cazador.

La mujer, al darse cuenta de lo que había pasado, decidió tomar la justicia por su mano y clamó venganza. Encontró al sapo y lo mató tumbando el árbol en el que estaba. La mujer abrió al animal y pudo recobrar de su interior los restos de su marido.

Jungla de ecuador

17. Nunkui y la yuca

Los huar habían consumido todos y cada uno de los recursos de las tierras que habitaban. La madre tierra Nunkui quería ayudarles pero, antes, debía comprobar si eran merecedores de comodidades conque ofreció al pueblo a su hija como obsequio, advirtiéndoles que, si cuidaban de ella, les proveería de alimentos de todo tipo. En cambio, si la maltrataban, el hambre volvería al poblado.

Los shuar admitieron y vieron como la comida volvía a mostrarse a raudales. Sin embargo, los mucho más jóvenes del poblado no respetaron las advertencias de Nunkui, puesto que unos niños de la red social maltrataron a la niña. La madre tierra, enfadada, se tragó todos y cada uno de los alimentos y es esta la explicación que dan los de la comunidad para justificar por que la yuca tiene que ser buscada por debajo de la tierra.

Galápagos

Las islas Galápagos también tiene sus leyendas ecuatorianas; aquí puedes ver un ejemplo de esto.

18. El muro de las lágrimas de la isla Isabela

Entre las leyendas ecuatorianas más modernas es el muro de las lágrimas de la Isla Isabela, un islote que se ubica a 5 kilómetros de Puerto Villamil, en las Islas Galápagos. En ese lugar se encuentra un muro hecho de piedras que fue construido entre 1945 y 1959 por prisioneros enviados ahí para pagar por sus fechorías. La pared tiene cerca de 25 metros de altura y se dice que, en su construcción, fallecieron muchos presos.

Quienes viven en la isla comentan que, cuando hay niebla, durante el crepúsculo o la noche, se tienen la posibilidad de oír los débiles lamentos de esos que dieron su vida mientras que construían el muro. Otros aseguran que los fantasmas de varios de los prisioneros se pueden ver en el camino que conduce al sitio.

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