Contracción muscular muscular: causas, síntomas y régimen

Índice
  1. El cuerpo humano está formado por más de 650 músculos.
  2. ¿Qué es una contractura muscular?
  3. ¿Por qué razón aparecen las contracturas musculares?
  4. ¿Cuáles son los síntomas de las contracturas musculares?
  5. ¿De qué manera se tienen la posibilidad de impedir y curar las contracturas musculares?

El cuerpo humano está formado por más de 650 músculos.

Por consiguiente, no debe extrañarnos que hasta el 40% de nuestro peso corresponda a la masa muscular, parte indispensable del sistema locomotor con funcionalidades esenciales: sostener los huesos, permitir el movimiento, desarrollar expresiones faciales, levantar pesos, mantener el corazón latiendo…

Aun de esta manera, debido a su relevancia en funcionalidades eminentemente mecánicas, los músculos son susceptibles de padecer daños. Y problemas en alguna de sus construcciones pueden derivar en lesiones musculares que nos tienen la posibilidad de llevar a cabo difícil (o irrealizable) la realización de esfuerzos físicos con ese músculo perjudicado.

Y de entre todos y cada uno de los inconvenientes que tenemos la posibilidad de padecer a nivel muscular, uno de los más frecuentes es, indudablemente, la contracción muscular muscular. Una lesión muy común que consiste en una contracción involuntaria y continuada de las fibras musculares que, más allá de que no suele ser grave, sí que provoca que el músculo dañado esté en constante tensión.

Y en el artículo de hoy, de la mano tanto de nuestro equipo de traumatólogos como de las mucho más reputadas publicaciones científicas, observaremos qué son las contracturas, por qué razón aparecen, qué síntomas causan, cómo tienen la posibilidad de prevenirse y de qué formas pueden ser tratadas. Comencemos.

¿Qué es una contractura muscular?

Una contracción muscular muscular es una lesión que consiste en una contracción persistente, involuntaria y dolorosa de las fibras musculares que hace que el músculo perjudicado esté en constante tensión, complicando que este cumpla con sus funciones mecánicas. Se trata de una situación que puede evitar realizar gestos con normalidad o entrenar ejercicio sin dolor.

Los músculos son órganos del aparato locomotor formado por tejido muscular cuya unidad más pequeña, servible y estructural son los miocitos o fibras musculares. Estas fibras tienen apenas 50 micrómetros de diámetro pero su longitud puede llegar a ser de múltiples centímetros, consistiendo en células multinucleadas (un solo citoplasma pero con múltiples núcleos) envueltas con lo que se conoce como sarcolema.

El sarcolema es la membrana plasmática de estas células musculares en cuyo interior se encuentra el sarcoplasma, el cual tiene dentro varias construcciones longitudinales que reciben el nombre de miofibrillas, las que vendrían a ser unos orgánulos intracelulares con propiedades contráctiles y que, por consiguiente, son las verdaderas causantes de controlar la contracción y relajación del músculo del que forman parte.

Estas miofibrillas, que guían el movimiento del tejido muscular, están formadas por la unión de 2 tipos de filamentos que se marchan alternando: unos delgados compuestos por actina (una proteína de naturaleza globular) y unos gruesos conformados por miosina (una proteína de naturaleza fibrosa). Y múltiples de estas fibras musculares se unen para conformar el fascículo muscular, los cuales, por su parte se unen para formar el músculo concreto.

Decimos todo esto pues una contracción muscular aparece cuando, por las causas que en este momento veremos, las miofibrillas se encuentran en un estado de persistente contracción, sin poder relajarse. Esto es lo que provoca los síntomas lacerantes y de contrariedad para la realización del movimiento propias de esta lesión muscular.

¿Por qué razón aparecen las contracturas musculares?

Las contracturas musculares son lesiones muy recurrentes. Y no solo entre atletas, pues se estima que hasta el 90% de ellas se deben a la adopción de malas posturas, con lo que pueden perjudicar a cualquier persona de cualquier edad. Aun de esta forma, está claro que su prevalencia es mayor en la población de mayores de 20 años que practican deporte.

Hemos comprendido también el origen biológico de estas lesiones, observando que se tienen que a una contracción persistente, involuntaria y dolorosa de las miofibrillas que controlan el estado de relajación y contracción de los músculos. Pero, ¿por qué sucede esto?

Las causas de las contracturas musculares son variadas. En primer lugar, tenemos aquellas que se generan tras un impacto traumático, una situación donde posiblemente el cerebro active la musculatura (induzca la contracción) para resguardar a los órganos cercanos al encontronazo. En cuanto el cerebro induce la relajación, la contracción muscular, que había sido muy recia y de intenso mal, se soluciona en, como mucho, 2-3 días.

Seguidamente, disponemos aquellas que surgen en el momento en que un músculo que está enclenque (en estado de hipotonía) le obligamos a efectuar una fuerte contracción. En ese instante, por exigir mucho más de lo que puede dar, se puede inducir una contracción involuntaria para eludir que suframos una rotura fibrilar. Es muy habitual entre atletas.

En tercer sitio, tenemos aquellas que se muestran por deshidratación. Debido a la carencia de líquidos (y coherente acumulación de substancias tóxicas en el tejido muscular), es posible que brote esta contracción involuntaria de las fibras musculares. Es frecuente que surjan inconvenientes cervicales tras una ingesta muy pronunciada de alcohol.

Y en cuarto sitio pero no por ello menos importante, poseemos las contracturas posturales. Estas representan el 90% de los casos y son lesiones que no se muestran de manera súbita como las tres precedentes, sino el estado muscularmente patológico se marcha generando de forma progresiva y lenta por la adopción de posturas incorrectas. Es común que haya inconvenientes en el cuello y la espalda, ya que son las regiones más sensibles a pagar las secuelas de nuestras malas posiciones.

Resumiendo, una contractura muscular aparece generalmente por las siguientes causas: traumatismo, hipotonía (debilidad muscular), deshidratación y malas posturas anatómicos. Al mismo tiempo, hay que tomar en consideración que hay causantes de riesgo tales como la edad avanzada (transcurrido el tiempo, los músculos pierden elasticidad), el frío, el agobio emocional y el sobreesfuerzo físico.

¿Cuáles son los síntomas de las contracturas musculares?

Una contracción muscular no es algo dañino. De hecho, sin estas alternancias entre estados de contracción y relajación muscular, la musculatura del cuerpo no podría cumplir con sus funciones. Como hemos dicho, hablamos de contracción muscular muscular y, por consiguiente, de lesión, en el momento en que esta contracción de las miofibrillas musculares es persistente, involuntaria y dolorosa.

Evidentemente, los síntomas y la gravedad de los mismos dependen de la extensión de la contracción, del músculo perjudicado, de la causa de fondo (que las vimos), de los factores de riesgo que cumplamos, del grado de contracción muscular que nos encontramos sufriendo y de la localización precisa de la lesión.

En este sentido, los primordiales síntomas de una contractura muscular son el mal, la rigidez en el músculo, la reducción en la capacidad de movimiento del músculo, sensación de debilidad muscular y dificultad (o imposibilidad) de realizar esfuerzos físicos con la zona anatómica dañada.

Pero, ¿son graves las contracturas musculares? No. Algunas veces, dependiendo de su ubicación (imaginemos una contracción muscular en algún músculo de la zona torácica), pueden parecer alarmantes. Pero no lo son. Las contracturas son lesiones musculares poco graves pero sí molestas.

No obstante, que no sean graves no significa que no debamos buscar tratamiento. De hecho, a pesar de que no vaya a provocarnos problemas serios, si no solicitamos atención ni procuramos resolver la situación, la sintomatología puede empeorar e inclusive, si se retrasa bastante la recuperación en casos más graves, puede ser realmente difícil regresar a recuperar el rango habitual de movimiento de ese músculo. Por ello, es primordial entender de qué manera prevenirlas y, caso de que broten, cómo tratarlas.

¿De qué manera se tienen la posibilidad de impedir y curar las contracturas musculares?

Como bien dicen, más vale impedir que sanar. Y aunque no sea con una efectividad plena, las contracturas musculares pueden prevenirse con los siguientes consejos que veremos ahora. Aun de este modo, caso de que padezcas alguna, no te preocupes. Es una lesión leve (si bien haya casos que logren ser realmente molestas y dolorosas) que puede abordarse con el régimen adecuado.

Prevención de las contracturas musculares

Como hemos dicho, hasta el 90% de las contracturas se muestran por la adopción de malas posturas. Conque la primera estrategia de prevención es muy clara: aprender buenos hábitos posturales. Hemos de estar sentados con la espalda recta, sin tensión en el cuello, y efectuar estiramientos en las zonas anatómicas que mucho más nos encontramos cargando cada, como mínimo, una hora.

Esta es la prevención para la población general. Y caso de que hagas deporte, tienes que incluir siempre y en todo momento ejercicios de calentamiento (especialmente si hace frío, que es en el momento en que la musculatura es mucho más sensible a sufrir contracturas) y no detener ásperamente la actividad física, sino más bien hacerlo con tranquilidad.

De igual forma, es atrayente llevar a cabo una programación progresiva del ejercicio. Es decir, ir de menos a más intensidad. Asimismo se aconseja realizar ejercicios para beneficiar la elasticidad y, en caso de que seamos propensos a padecer contracturas, realizar masajes o aplicar calor en los músculos que más problemas nos acostumbran a dar.

Régimen de las contracturas musculares

Ojalá todas las contracturas tengan la posibilidad de prevenirse. Pero no es de esta manera. Aun de este modo, si padeces una, hay tratamientos para abordarlas. La primera cosa que debe hacerse tras su aparición es aplicar calor seco durante unos 15 minutos, aparte de efectuar suaves (y es importante que sean suaves) estiramientos pausados y controlados del músculo afectado.

Si en un lapso de 48-72 horas la contracción muscular no desaparece (que comunmente lo hace), entonces deberíamos ponernos en manos de un profesional. Lo destacado es acudir a un osteópata o un fisioterapeuta, que valorará la situación, el desencadenante y la gravedad de la contracción muscular y también señalará un abordaje u otro.

Las contracturas suelen curarse con la administración de fármacos miorelajantes y/o antiinflamatorios (van por prescripción y unicamente se recetan si el mal es profundo), la aplicación de calor local (relaja el músculo y tiene poder analgésico) y, sobre todo, los masajes, que deben ser realizados por especialistas para acrecentar el fluído sanguíneo, inducir la relajación del músculo, achicar el mal y mejorar la recuperación del tejido muscular. Para los masajes, debemos ponernos en manos de un fisioterapeuta, ya que de lo contrario el antídoto puede ser peor que la patología.

Lógicamente, todo es dependiente del músculo y de la gravedad, pero la restauración de una contractura muscular oscila entre los 5 y los 10 días. Puede ser aproximadamente, pero siempre va a haber que tener en consideración que, después de la recuperación, tendremos que volver a elaborar la musculatura para poder practicar deporte con normalidad.

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