¿Por qué los hombres tienen cada vez menos amigos íntimos?

En 2021, en plena pandemia, la institución estadounidense Survey Center of American Life dedicada a comprender la forma en la que los cambios culturales, políticos y tecnológicos afectan las vidas del “estadounidense medio” concluía en una de sus encuestas que el 15% de los hombres no tiene ningún amigo íntimo, frente al 3% que lo declaraba en 1990. En solo tres décadas se habría producido una “recesión de la amistad”, como fue bautizada entonces por el New York Times.  

¿Esta crisis de la amistad masculina ha llegado también a España? Y si es así, ¿cuáles son las razones por las que los hombres tienen cada vez menos amigos íntimos? A continuación, exponemos las posibles causas de este fenómeno, entre las que se incluye un posible cambio en la noción de amistad. 

Índice
  1. ¿Tienes cada vez menos amigos íntimos? ¿Por qué? 
  2. ¿Ha cambiado la noción de amistad? ¿Nos hemos vuelto más exigentes? 

¿Tienes cada vez menos amigos íntimos? ¿Por qué? 

Un hombre mira el paisaje - Fuente: Unsplash
Un hombre mira el paisaje – Fuente: Unsplash

No hay que obviar que la encuesta que numerosos medios han tomado como referencia para certificar la recesión de la amistad masculina está hecha en plena pandemia con todo lo que ello conlleva en relación al cambio en las relaciones humanas y en la propia salud mental del individuo.

Pero es un hecho que podrás comprobar en tu entorno: hay un cierto runrún en torno al concepto de amistad que no solo podría alertar sobre una pérdida de peso de los amigos íntimos en la configuración de la rutina de los hombres, sino también en un cambio en la propia noción de amistad, la cual exponemos a continuación.  

Más ocio y más redes, ¿menos amigos? 

Un hombre con un móvil mira por la ventana - Fuente: Unsplash
Un hombre con un móvil mira por la ventana – Fuente: Unsplash

La falta de tiempo es una de las causas que se alega habitualmente, especialmente entre adultos jóvenes y hombres de mediana edad, para verse menos con los amigos. Esto no es ninguna novedad, digamos que “siempre” ha ocurrido así. El trabajo y/o la familia ocupan un tiempo que antes se dedicaba a otras cosas, y el día tiene las horas que tiene.

Así, por ejemplo, lo certifica este indicador del Instituto Nacional de Estadística obtenido en 2015 en relación a la frecuencia de las reuniones con amigos por edad, periodo y nivel de frecuencia: solo el 17% de los encuestados entre 35 y 49 años tenía contacto diario con amigos, frente al 57,9 de las personas entre 25 y 34 años, incluyendo en este caso tanto a hombres como a mujeres. A partir de 65 años, el contacto con las amistades vuelve a aumentar, ya en edad de jubilación.

Pero lo que sí ha cambiado en estos últimos años son las posibilidades de ocio, aumentando exponencialmente. Podríamos suponer que a más ocio más oportunidades para ver a los amigos, pero buena parte de esas actividades no se prestan a conversar y nutrir una amistad: podemos compartir con un amigo un maratón de series en Netflix o una hora en el gimnasio, pero también lo podemos hacer solos. Y muchos optan por la segunda opción que es más sencilla.

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Así mismo, el uso de redes sociales para mantener el contacto con las amistades puede tener un efecto paradójico ya comentado hasta la saciedad: tenemos más contactos, pero menos amigos. Las redes sociales permiten mantener contacto con muchas personas que, en otro contexto, sería mucho más complicado —falta de tiempo, distancia geográfica, etc.— pero reduce el contacto directo.  

Dicho de otra forma: podemos seguir en contacto con un viejo amigo que ahora vive en México, pero no vemos tanto a un amigo que vive en la misma calle, porque ya nos pasamos de vez en cuando algún meme por WhatsApp. Y con eso ya está bien, ¿no? 

Para construir y nutrir una amistad se necesita tiempo, ¿que no tenemos? 

Dos hombres hablan mientras comen - Fuente: Pexels
Dos hombres hablan mientras comen – Fuente: Pexels

Una de las causas que podría explicar la crisis de la amistad masculina es la falta de tiempo derivada también de esta mayor subordinación a las actividades de ocio y el uso de Internet y redes sociales. Algo que no solo afecta a hombres maduros, sino también a jóvenes.  

Hace no demasiados años, bajar a jugar al parque era “obligatorio” si no querías aburrirte como una ostra en casa. Esa tendencia construía y nutría amistades por contacto directo casi a diario. En la actualidad, ya no es necesario bajar a ningún lado porque existen numerosas formas de ocio en el interior de la habitación de un chico joven.  

Y sin tiempo y contacto directo no es posible mantener a flote una amistad. Muchas de ellas, de hecho, se sostenían por el aburrimiento. No sabías qué hacer y quedabas con amigos… sin ningún objetivo, solo para verse y hablar o lo que surgiera.

Hoy en día las agendas suelen estar tan apretadas que nadie “se aburre” y cuando quedan con amigos el programa de actividades es tan intenso que parece un curso acelerado de amistad: cuando te das cuenta, ya estás de vuelta en casa, sin haber hablado de nada al margen del repaso de los puntos del orden del día.

Los chicos no lloran, ¿y tampoco tienen amigos? 

Falacrofobia - Fuente: Pexels
Un hombre con gesto rudo – Fuente: Pexels

La amistad entre hombres siempre ha estado marcada por numerosos clichés, algunos de ellos más cercanos a la realidad que otros. La teoría nos dice que a los hombres les cuesta exponer sus sentimientos a los amigos, mientras que las mujeres tienden a ser abiertas en ese aspecto.  

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Históricamente, el rol masculino ha estado asociado a la fuerza mental, el estoicismo, la independencia y el individualismo. Un hombre tenía socios, cómplices, colegas… pero poco amigos, ya que, en caso de problemas, se suponía que su fuerte carácter era más que suficiente para salir a flote.  

Irónicamente, la supuesta recesión de la amistad masculina se está viviendo en un momento de crisis del rol masculino tradicional. Ya nadie se rasga las vestiduras por ver a dos hombres llorando y abrazados celebrando su inquebrantable amistad.  

Pero, con todo, la vulnerabilidad sigue siendo tabú en muchas amistades masculinas. Citarte con un amigo para decirle que te sientes deprimido es un paso que muchos no se atreven a dar. En vez de eso, preferimos unas cañas y unas risas fáciles que, en ocasiones, son suficientes para levantar el ánimo… pero en otras, no: necesitas hablar de verdad. 

¿Ha cambiado la noción de amistad? ¿Nos hemos vuelto más exigentes? 

Dos personas bebiendo cerveza - Fuente: Pexels
Dos personas bebiendo cerveza – Fuente: Pexels

Tal vez la explicación de la crisis de la amistad masculina esté en el propio cambio del concepto de amistad. Tal vez ahora tengamos los mismos amigos que antes, pero nos hemos vuelto más exigentes a la hora de catalogar a alguien como amigo íntimo. Los contactos virtuales ocupan el lugar que antes tenían los cómplices o los socios, aquellos con los que quedabas de vez en cuando para divertirte, sin más pretensiones.  

Pero estos colegas nunca fueron amigos íntimos, aunque tal vez en el pasado, en caso de encuesta, los hubiéramos incluido como tales. Es probable que en el contexto actual ya descrito anteriormente —menos tiempo, más ocio, más Internet y un replanteamiento de la masculinidad— el hombre se haya dado cuenta de que requiere más “cuidados” por parte de sus amigos, de que ya no es suficiente con unas cañas y unas risas. Que la amistad es algo más que eso. 

Por eso, los hombres, ahora más que antes, tal vez buscan personas que realmente entiendan sus problemas, hombros en los que llorar si hace falta, personas que escuchen de verdad y que no pongan el piloto automático o consulten el Twitter en cuanto la conversación deja de girar sobre fanfarroneo y chistes fáciles.

Y como sabemos, no es tan sencillo encontrar personas empáticas, confiables, cálidas y honestas. Por eso, a la postre, creemos que los hombres siempre han tenido pocos amigos, solo que ahora muchos se dan cuenta de ello y de que necesitan algo más (y mejor), porque ni son tan estoicos, ni tan individualistas, ni tan invulnerables como nos habían hecho creer que éramos.

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