Las 5 diferencias entre hipoacusia y cofosis

De acuerdo a cifras lanzadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.500 miles de individuos viven con algún nivel de pérdida de audición. Y de estas, aproximadamente 430 millones padecen una discapacidad auditiva, una sordera con seriedad limitante para el día a día.

Esto es, mucho más del 5% de la población mundial sufre una sordera considerada como discapacitante, la que puede deberse a causas genéticas, complicaciones en el parto, algunas patologías infecciosas (como por poner un ejemplo la otitis), exposición prolongada a ruidos fuertes, administración de fármacos ototóxicos o nuestro envejecimiento.

Aun de esta manera, no todas las sorderas son iguales. Y si bien cada caso sea único, la verdad es que esta puede clasificarse según diferentes parámetros así como el grado de pérdida auditiva, la ubicación de la lesión auditiva, el momento de la vida en el que se genera y, por supuesto, la gravedad de la misma. Y es en este último factor en el que nos detenemos.

Y es que es precisamente dependiendo de la gravedad, que la sordera o discapacidad auditiva puede clasificarse en 2 principales tipos: la hipoacusia y la cofosis. La hipoacusia es una dificultad para escuchar sonidos; la cofosis, una imposibilidad. Y en el artículo de el día de hoy exploraremos las primordiales diferencias clínicas entre las dos condiciones. Vamos allí.

¿Qué es la hipoacusia? ¿Y la cofosis?

Antes de especificar las principales diferencias entre ambas en forma de puntos clave, es interesante e esencial ponernos en contexto y definir, individualmente, tanto la hipoacusia como la cofosis. Y es que así, observando las peculiaridades de cada una de estas formas de sordera, empezará a quedar claro por qué razón son distintas.

Hipoacusia: ¿qué es?

La hipoacusia es una manera de sordera parcial. O sea, no tiene que ver con una pérdida total de audición, pero sí de una disminución aproximadamente grave de la sensibilidad auditiva. La hipoacusia, pues, es una incapacidad parcial para escuchar sonidos en uno (hipoacusia unilateral) o en ambos oídos (hipoacusia bilateral).

En general, charlamos de hipoacusia cuando a la persona se le ha diagnosticado una sordera suave o moderada. Es decir, que muestra un nivel de discapacidad auditiva suave o moderado, pero sin llegar al grave ni al profundo. Pero, ¿qué es precisamente una sordera leve? ¿Y una moderada?

Una persona con hipoacusia leve es aquella que tiene un umbral auditivo (la intensidad mínima de sonido capaz de ser detectado por su oído) que está entre 20 y 40 dB. En esta forma (la mucho más suave) de discapacidad auditiva, si bien la persona puede tener problemas para oír sonidos bajos o entender los susurros, no posee ninguna dificultad para continuar una conversación a volumen habitual.

Por su parte, un individuo con hipoacusia moderada es aquella que tiene un umbral auditivo que está entre 40 y 70 dB. En este modo de discapacidad auditiva, es muy posible que la persona tenga problemas para escuchar lo que le dicen en un volumen de conversación normal.

Por suerte, hoy, la hipoacusia tiene solución: los audífonos. Al no haber perdido completamente la aptitud auditiva, estos gadgets resuelven los problemas de pérdida de audición y cada vez son más sutiles.

Cofosis: ¿qué es?

La cofosis o anacusia es una manera de sordera total. Como es natural, se trata de la manera de sordera más grave ya que hay una imposibilidad absoluta para sentir sonidos. En la cofosis, la pérdida de la capacidad auditiva es total, si bien no posee por qué razón darse en los dos oídos (cofosis bilateral), pues puede darse solo en uno (cofosis unilateral).

Es común referirse a ella en el momento en que una persona padece una sordera grave o profunda. En la sordera grave, la persona tiene un umbral auditivo que se encuentra entre los 70 y los 90 dB y prácticamente no escucha nada de lo que le dicen a un volumen habitual de charla y solo puede oír sonidos fuertes. En la sordera profunda, el umbral auditivo está sobre los 90 dB y la persona no escucha nada de lo que le dicen.

Aun de este modo, pese a que puede estar englobada dentro de esta sordera profunda, lo cierto es que la cofosis o anacusia solo se diagnostica en el momento en que la pérdida de audición es total. En verdad, se considera que un individuo padece esta forma de sordera total en el momento en que su umbral auditivo está sobre 120 dB. En consecuencia, entre 20 y 70 dB charlamos de hipoacusia. Entre 70 y 120 dB, de sordera grave o profunda. Y sobre 120 dB, de cofosis, anacusia o sordera total.

Se trata de una enfermedad del oído poco común que frecuenta deberse a anomalías de la salud innatas, genéticas y/o hereditarias que afectan a la composición del canal auditivo o del nervio auditivo. Es menos habitual que brote por exposición a ruidos intensos, obstrucciones en el oído o infecciones crónicas, aunque sí que está socia a adversidades del Síndrome de Ménière, un trastorno del oído de adentro.

En dependencia de sus causas exactas y de si perjudica a uno o ambos oídos, posiblemente pueda tratarse con audífonos, pero en muchas ocasiones (especialmente en casos de sorderas innatas), es requisito recurrir a un implante coclear, un pequeño dispositivo electrónico que se implanta quirúrgicamente bajo la piel y que convierte las señales acústicas en impulsos eléctricos que estimulan el nervio auditivo.

¿Exactamente en qué se diferencian la hipoacusia y la cofosis?

Tras haber analizado sus bases clínicas, seguro que las diferencias entre la hipoacusia y la cofosis, anacusia o sordera total han quedado más que claras. Aun de esta manera, por si acaso deseas o precisas tener la información de manera más visual, hemos listo la próxima selección de sus primordiales diferencias con apariencia de puntos clave.

1. La hipoacusia es una sordera parcial; la cofosis, una sordera total

Seguramente, la diferencia más importante. Y es que al tiempo que la hipoacusia es una sordera parcial, la cofosis es una sordera total. Esto es, una persona con hipoacusia tiene un nivel aproximadamente grave de discapacidad auditiva, con una sordera leve o moderada, pero no ha perdido totalmente la audición. De hecho, en sus formas mucho más leves, puede no tener ningún inconveniente para conversar a volumen normal. En sus formas mucho más graves, puede tener problemas, pero prosigue sin ser discapacitante.

La cofosis es otro tema. La anacusia es una forma de sordera total. Esto es, la persona no puede percibir ningún sonido en lo más mínimo. Es, por lo tanto, la imposibilidad para oír. La pérdida de la capacidad auditiva es total y, evidentemente, es una forma de sordera mucho más grave que la hipoacusia.

2. En la hipoacusia, el umbral auditivo está entre 20 y 70 dB; en la cofosis, por encima de 120 dB

A nivel clínico, esta diferencia es primordial, pues deja hacer un diagnostico un cuadro u otro. Cuando el umbral auditivo (la intensidad mínima de sonido capaz de ser detectado por el oído de un individuo) está sobre los 20 dB, charlamos ahora de hipoacusia. Y prosigue considerándose hipoacusia hasta los 70 dB de umbral auditivo, punto en el que se llega a la manera más grave en esta patología.

Entre los 70 db y los 120 dB charlamos de sordera grave o de sordera profunda, con una pérdida casi total de la sensibilidad auditiva conforme nos acercamos a este valor. Aun así, no es hasta el momento en que el umbral auditivo sobrepasa los 120 dB que una persona es diagnosticada con cofosis o anacusia. En el momento en que el umbral auditivo está sobre los 120 dB, se considera que la persona padece una sordera total.

3. La cofosis es menos recurrente que la hipoacusia

Lógicamente, la cofosis es bastante menos frecuente que la hipoacusia. Y sucede que al tiempo que más de 1.500 miles de individuos en el planeta padecen una hipoacusia (discapacidad auditiva parcial), la cifra de personas que sufren una sordera grave o profunda que limita la vida es de unos 430 millones. Y en estos, solo un pequeño porcentaje padece una manera de sordera total, anacusia o cofosis.

4. La hipoacusia puede tratarse con audífonos; la cofosis puede requerir de un implante coclear

Antes de empezar con este punto, queremos dejar en claro que pecaremos de generalistas. El tratamiento tanto de la hipoacusia como de la cofosis es dependiente del caso específicamente y de las causas precisas tras la pérdida auditiva. Aun de este modo, es verdad que, en líneas generales, el régimen de la hipoacusia suele fundamentarse en el uso de audífonos, discretos gadgets que amplifican los sonidos cuando la persona tiene un umbral auditivo demasiado alto.

En la cofosis, en cambio, es común tener que recurrir (en especial en el momento en que la persona nace con sordera total que no puede solucionarse con audífonos) a los conocidos como implantes cocleares, un pequeño dispositivo electrónico que se implanta quirúrgicamente debajo de la piel y que transforma las señales acústicas en impulsos eléctricos que impulsan el nervio auditivo. De todos modos, recalcamos de nuevo que cada caso es único y hay otras elecciones terapéuticas para ambas condiciones.

5. La cofosis está más socia a enfermedades congénitas

Tanto la cofosis como la hipoacusia tienen la posibilidad de estar asociadas a patologías innatas, genéticas y/o hereditarias que se traducen en malformaciones del canal o nervio auditivo. De todos modos, al paso que la hipoacusia está más socia al propio envejecimiento, a la exposición prolongada a ruidos fuertes, a la administración de medicamentos ototóxicos, infecciones del oído, etc, la cofosis está poco relacionada con estas causas y tiene, en los trastornos innatos, sus primordiales fundamentos de aparición.

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