Lepra: causas, síntomas y régimen

Año 2009. Una expedición arqueológica en Rajastán, al noroeste de India, culmina con el descubrimiento de un establecimiento de más de 4.000 años de antigüedad. Y en él, un recinto de paredes gruesas en el que encontraron los restos esqueléticos de un hombre que, entre el 2500 y el 2000 a.C., había sido sepultado en ceniza de estiércol de vaca en ese mausoleo aislado.

¿Por qué nos encontramos explicando esto? Por el hecho de que ese varón de, en su día treinta años, es la primera prueba histórica que disponemos de la presencia de la lepra, una enfermedad que todos recordamos por su impacto en la Edad Media. Una era en la que esta patología se consideraba un castigo divino por errores por norma general asociados a la promiscuidad y la lujuria.

Los leprosos eran expulsados de sus comunidades, despojados de sus recursos, obligados a llevar una campana para alertar de su paso y, más adelante, obligados a ser recluidos en las famosas leproserías para eludir el contagio. Afortunadamente, muchos siglos después, entendemos que la lepra no tiene nada de divino. Es, como siempre y en todo momento, ciencia.

Así pues, en el producto de hoy, con la meta de arrojar luz a una enfermedad tan enlazada a los tiempos oscuros medievales, veremos todas las bases clínicas de la lepra, una enfermedad rodeada de muchas leyendas que consiste en una enfermedad crónica infecciosa que, en sus manifestaciones mucho más graves, puede llegar a ocasionar deformidades y discapacidad.

¿Qué es la lepra?

La lepra es una enfermedad infecciosa crónica que aparece tras una infección por parte de la bacteria Mycobacterium leprae, un bacilo que coloniza primordialmente la piel y los nervios periféricos, pero también la mucosa de las vías respiratorias superiores, los ojos, los testículos y los huesos. En manifestaciones graves que no reciben el tratamiento oportuno, puede ocasionar deformidades y discapacidad, tanto por los daños neurológicos como por la ceguera donde es posible que derive.

Se trata de una patología infecciosa cuya evidencia mucho más vieja data de, como vimos, hace unos 4.000 años. Y si bien hace cierto tiempo se creyera que fuera un castigo divino o una enfermedad innata, el día de hoy entendemos perfectamente que está ocasionada por la bacteria que hemos citado, la cual, conocida asimismo como bacilo de Hansen (en honor al científico noruego que la descubrió), fue descubierta en 1874.

Y aunque creamos que hablamos de una enfermedad erradicada que ha desaparecido, la lepra sigue existiendo en el planeta. De hecho, así como apunta la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2019 se registraron, de forma oficial, 202.000 casos de lepra en el planeta. Aunque se estima que se registra menos de 1 caso de cada 10.000. Su incidencia es más alta en, lógicamente, zonas rurales de países en vías de desarrollo.

La lepra provoca unos daños progresivos en el tiempo que, sin régimen, tienen la posibilidad de derivar en úlceras cutáneas, problemas neurológicos, debilidad muscular e inclusive ceguera. Aun de esta forma, pese a la concepción que poseemos, es una enfermedad poco contagiosa que presenta muchos casos asintomáticos y que, a día de hoy, es curable.

Una enfermedad que, más allá de que es curable y tiene una incidencia que está reduciendo de forma global en el mundo, la aparición de cepas resistentes a los antibióticos y el aumento de casos en determinadas regiones están haciendo que vuelva a haber una relativa preocupación por esta infección a nivel mundial.

Causas: ¿de qué manera se transmite la lepra?

La causa de la lepra no es un castigo divino. La causa de la lepra es una infección por parte del bacilo Mycobacterium leprae (si bien en México se identificó, en 2008, otra clase: Mycobacterium lepromatosis), una micobacteria descubierta en 1874 por el científico noruego Armauer Hansen que muestra una longitud de entre 1 y 7 micrómetros, con forma de bastón, ácido-alcohol resistente y aerobia. Está relativamente vinculada con la bacteria responsable de la tuberculosis.

Esta bacteria inficiona principalmente los nervios periféricos y la piel, aparte de los ojos, la mucosa de las vías respiratorias altas, los huesos y los testículos. Aun de esta forma y pese a eso que solemos pensar, la lepra es una patología poco contagiosa. De hecho, sin condiciones de pobreza y de falta grave de higiene, las probabilidades de contagio sean prácticamente nulas.

De ahí que en la Edad Media fuera una enfermedad común y que, actualmente, su encontronazo se reduzca a ciertas regiones rurales de países en vías de desarrollo. En verdad, la OMS ha catálogo en 91 el número de países donde la lepra es endémica. India, Brasil y Birmania recogen el 80% de los casos de estos 202.000 registrados. Estados Unidos, por servirnos de un ejemplo, registra menos de 100 casos anuales.

Los seres humanos somos el principal reservorio natural de Mycobacterium leprae, aunque un estudio genético realizado en 2011 descubrió que los armadillos son también reservorios de la bacteria. Se trata del único animal diferente a los humanos que, hemos afirmado, puede propagar la patología.

Pero, ¿de qué manera se genera el contagio? La lepra se transmite de persona a persona a través del aire por las gotículas respiratorias que un individuo enferma expulsa al aire al hablar, estornudar, toser o reír. El contagio asimismo puede suceder, con menor frecuencia, por contacto con líquidos nasales, por medio de leche materna de una madre con la patología y, aunque esto siga siendo objeto de controversia, por la picadura de animales que actúan como vectores de la enfermedad.

Muestra un período de incubación que tiende a ser de entre 3 y 5 años, si bien hay personas que, tras la exposición, expresan los primeros síntomas a los 6 meses, otras que tardan décadas y otras que no llegan a ser sintomáticas. De hecho, en condiciones normales, el sistema inmune combate y neutraliza la bacteria antes que se desarrolle la enfermedad.

De ahí que el contagio deba integrar los siguientes causantes: una persona sana pero predispuesta (de manera congénita, es mucho más probable que desarrolle la lepra ante una exposición a la bacteria) entra en contacto estrecho con un paciente no tratado de lepra en condiciones de pobreza, hacinamiento, mala alimentación y/o falta de higiene.

Es por este fundamento que, al menos en países desarrollados, el riesgo de contraer lepra es bajísimo. Y es que por el momento no solo es que las condiciones de higiene en las que convivimos sean buenas, sino que, teniendo un sistema inmunitario en buen estado, es realmente difícil que una exposición a la bacteria derive en el desarrollo de la patología.

¿Qué síntomas tiene la lepra?

En caso de desarrollar lepra, como hemos dicho, el periodo de incubación acostumbra oscilar entre los 3 y los 5 años. Y cuando se muestran los síntomas, estos avanzan con lentitud. Como hemos dicho, los principales daños progresivos de la lepra suceden en piel y nervios periféricos, aparte de otras regiones del cuerpo.

Los primordiales signos clínicos de la lepra son lesiones cutáneas de color más claro que la piel habitual y que no sudan, lesiones en la piel que cursan con mal y sensibilidad al tacto y al calor, debilidad muscular, entumecimiento (o pérdida de sensibilidad) en extremidades, mala circulación sanguínea, problemas en la regeneración ósea, alteraciones en la movilidad, aparición de úlceras, pústulas, nódulos y placas en la piel, etc.

Transcurrido un tiempo y sin tratamiento, la lepra avanza hacia etapas mucho más avanzadas y graves. En ese instante, el daño neurológico puede provocar una pérdida prácticamente absoluta del sentido del tacto, por lo que el tolerante no siente dolor ni es con la capacidad de percibir la temperatura, Además de esto, tienen la posibilidad de surgir deformidades, discapacidades en lo que a movilidad se refiere y desfiguraciones en la cara.

Al tiempo, tienen la posibilidad de surgir complicaciones así como congestión nasal crónica, ceguera, cicatrices en los ojos, esterilidad o disfunción eréctil (en hombres), insuficiencia renal y daños neurológicos que pueden llegar a ser serios. De ahí que el régimen sea esencial.

¿Cómo se trata la lepra?

La lepra es una enfermedad curable desde 1941, en el momento en que en Estados Unidos se descubrió un tratamiento a base de glucosulfona, que se administraba por vía intravenosa. El progreso continuó y se descubrieron otros fármacos que dejan sanar la lepra en sus estadíos mucho más tempranos (el primordial inconveniente es hallar una detección precoz) para impedir que surjan las adversidades que hemos dicho.

Desde 1981, la OMS recomienda el uso combinado de tres fármacos (dapsona, clofazimina y rifampicina) para el régimen de la lepra. Una terapia farmacológica que dura entre 6 meses y 1 año y que deja eliminar con eficacia la bacteria del cuerpo y, por tanto, sanar a la persona de la lepra. Además, evita que el paciente propague la patología.

Hay que tener en consideración que estos medicamentos detienen la progresión de la lepra, pero no revierten los daños neurológicos ni las lesiones orgánicas. Por esta razón es tan esencial que la detección ocurra en las primeras etapas de la enfermedad, algo singularmente difícil de hallar en las zonas de todo el mundo donde, precisamente, la lepra es endémica.

Resumiendo, la lepra es una enfermedad que, en su día, fue un verdadero problema médico pública, pero que hoy en día, gracias tanto a la implantación de medidas de higiene en el mundo como al desarrollo de medicamentos que curan de manera eficaz la nosología, ahora no es así. Aun de esta manera, siguen preocupando esos más de 200.000 casos que se dan anualmente en los países en vías de desarrollo que no pueden entrar ni a un diagnóstico precoz ni al tratamiento farmacológico.

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