Los 4 elementos de la autoestima (explicados)

La autoestima es un elemento psicológico bastante complejo en el que se ven implicados diferentes procesos mentales, los que son también muy complejos.

Sin embargo, más allá de lo embrollado que puede ser el término de la autoestima, es viable discernir en ella una sucesión de elementos y dimensiones las que nos hacen más fácil entender que este constructo psicológico es mucho más que la suma de sus partes.

A continuación vamos a conocer cuáles son los principales elementos de la autovaloración, además de las dimensiones que la conforman.

¿Qué es la autoestima?

La autovaloración es un constructo complejo, en el que múltiples elementos y dimensiones se interconectan. Para entender cuáles son tales elementos, primero debemos entender qué es la autovaloración exactamente.

Tenemos la posibilidad de determinar a la autoestima como el modo en el que la gente nos valoramos a nosotras mismas, tomando como referencia cuál debería ser nuestro “yo” ideal. Si pensamos que estamos muy cerca de tal “yo”, que nuestra autoestima será alta, mientras que si está alejadísimo de ese supuesto ideal, lo más probable es que tengamos la autovaloración por los suelos,

Autoestima y autoconcepto tienen mucha relación. Este segundo se refiere al grupo de ideas y creencias que conforman nuestro concepto de “yo”, mismas ideas que influyen en nuestra autoestima añadiéndoles una carga emocional y ética. En función de de qué manera nos veamos y si esa visión la tenemos en cuenta efectiva o no, estaremos aproximadamente satisfechos con lo que creemos que somos.

La autoestima se puede ver como la consecuencia de distintas procesos sicológicos, los que tienen la posibilidad de suponer una amenaza o una ocasión para nuestro confort psicológico. Asimismo puede ser esta misma autoestima la causa de otros fenómenos psicológicos, con lo que tenemos la posibilidad de decir que la autovaloración es tanto causa como efecto de nuestro confort emocional, autoconcepto y adaptabilidad a nuestro ambiente.

Esto lo podemos entender pensando en un tolerante con depresión mayor. Quienes sufren este trastorno acostumbran a enseñar una bajísima autoestima, compuesta por opiniones y sensaciones negativas acerca de qué forma se ve el paciente. Un individuo que no tiene una aceptable opinión de sí no se atreverá a evaluar novedades, va a tener temor de tomar peligros y no deseará interaccionar con otra gente al verse como menos válida que el resto de la sociedad. Todo esto puede contribuir a su aislamiento y empeoramiento del trastorno.

Cabe decir, igualmente, que no todos y cada uno de los problemas relacionados con la autoestima son debidos a tenerla bastante baja. Tener demasiado inflada la autovaloración también puede ser un problema, algo que se da en algunos trastornos como por servirnos de un ejemplo el trastorno bipolar cuando se está en etapa maniaca o en determinados trastornos de la personalidad, como por ejemplo el trastorno narcisista.

Entre los objetivos de la psicoterapia es conseguir que la gente sepan mantener una autoestima equilibrada, bien ajustada a la verdad. Todos contamos nuestras limitaciones, pero también tenemos fortalezas que contienen nuestro verdadero potencial. Absolutamente nadie es especial, pero tampoco es un terminado fracaso. Sea cuál sea la visión que tiene el paciente de sí mismo, la psicoterapia ayuda a las personas a valorarse, ver que tienen la capacidad de muchas cosas y entender que todo el mundo tiene debilidades.

Teniendo en cuenta todo esto, es esencial que todos y cada uno de los psicólogos en su práctica clínica conozcan cuáles son los componentes de la autoestima, aparte de múltiples de sus dimensiones. Estas las veremos en hondura ahora.

Los 4 principales elementos de la autoestima

Estos son los cuatro componentes psicológicos que se considera que dan rincón a la autovaloración.

1. Procesos perceptivos

Todo desarrollo mental está conectado al flujo de información que nos llega por medio de nuestros sentidos. Nuestro mundo de adentro es el resultado de los estímulos que recibimos de nuestro entorno y, como una parte de ese planeta psicológico, asimismo tenemos a la autovaloración.

Se podría decir que la materia prima de este fenómeno psicológico son los procesos perceptivos, todo lo que nuestras células y órganos sensoriales captan del ambiente y que mandan la información al cerebro en señales nerviosas.

2. Autoconcepto

El autoconcepto es la descripción de nosotros mismos compuesta por ideas, pensamientos y creencias que contamos archivadas en nuestra mente. Es una definición de nuestra persona, nuestro término de “Yo” con sus facetas.

Este componente de la autoestima se compone desde la combinación entre la información sensorial que nos llega del ambiente y la interpretación que hacemos de exactamente la misma a partir de otros pensamientos, ideas y creencias asimismo presentes en el autoconcepto.

Es decir, se retroalimenta a sí mismo, pero tomando como materia prima nueva información que induce a algunos cambios en la forma en de qué manera nos vemos conforme va pasando el tiempo.

3. Carga emocional

La carga sensible es el conjunto de conmuevas asociadas a todo cuanto nos pase por la cabeza. En un caso así, hablamos de todas esas conmuevas similares con nuestra iniciativa del “Yo”.

Son estas conmuevas las que nos llevan a sentirnos bien o mal con lo que creemos que somos y, al unísono, nos tienen la posibilidad de ser útil como motivación, haciéndonos adoptar una cierta posición ante un reto.

Del mismo modo, cabe decir que es difícil discernir entre la carga emocional y el autoconcepto en el momento de charlar de la autovaloración. O sea debido a que nuestras emociones y nuestras ideas sobre nosotros mismos son fenómenos que se dan a la vez e interactúan entre sí.

4. Referentes

Como último ingrediente de la autoestima poseemos los referentes. La autovaloración de cada uno siempre y en todo momento va a estar construida sabiendo ciertos aspectos de nuestro entorno social y cultural, en especial los círculos sociales mucho más próximos a los que nos observamos expuestos.

Familia, amigos, compañeros de clase y también, incluso, celebridades de la tele influyen en nuestra autoestima, sirviéndonos como modelos de aquello que deseamos ser, aparte de valorarnos mucho más efectiva o negativamente según lo que haya en nuestro entorno.

Por poner un ejemplo, si somos el chico de la clase de gimnasia con menos musculatura, esto probablemente nos haga sentirnos mal. En cambio, si somos la chica más lista de nuestro club de ajedrez, probablemente nos valoremos realmente bien en este aspecto.

Todas y cada una la gente con las que interactuamos y la manera en que creemos que son mejores o peores que nosotras influye en nosotros y de qué forma nos sentimos frente aquellas metas que alcanzamos.

Añadido a esto, a partir de la interacción con otras personas nos vamos creando la imagen ideal de nuestro “yo”, la que puede coincidir o no con cómo es un individuo que conocemos. Es en función de lo cerca o lo lejos que consideremos que estamos de ese “yo” ideal lo que hará que nuestra autovaloración sea más alta o más baja.

Dimensiones de la autovaloración

Si bien terminamos de ver los principales elementos de la autoestima, hay quienes prefieren charlar de dimensiones al charlar de este constructo psicológico. De todos modos, estas dimensiones se tienen la posibilidad de estimar como análogas a los componentes de los que acabamos de hablar, si bien tienen ciertos matices que veremos ahora.

1. Dimensión cognitiva

La dimensión cognitiva debe ver con todo lo que este relacionado a los pensamientos de la persona sobre sí misma y los procesos mentales que dan rincón a los mismos, incluyéndose también la autoimagen. Debe ver con de qué manera se ve la persona a sí obviando las conmuevas que tenga de sí. Se correspondería con el autoconcepto.

Aquí hallaríamos ideas como opinar que no se es capaz de hallar algo, que no se es bastante capaz o que se está sobre otra gente, por poner solo unos cuantos ejemplos.

2. Dimensión cariñosa

La dimensión afectiva se relacionaría con la carga emocional que vimos en la clasificación previo. Como su nombre sugiere, hablamos de la dimensión de la autoestima puramente sensible y englobaría las reacciones emocionales a las ideas que tiene sobre sí: tristeza, frustración, furia, alegría, orgullo y satisfacción… alguno de las emociones que pueda sentir la persona respecto a su valía.

3. Dimensión comportamental

Finalmente contamos la dimensión comportamental de la autovaloración, la cual es de las tres la mucho más simple de detectar tanto en una persona con alta como con baja autoestima. Esta dimensión es el resultado de las otras dos dimensiones combinadas y manifestadas en forma de conducta.

Cuando se tiene baja la autovaloración, pudimos ver que esto es el resultado de tener unos pensamientos negativos sobre sí mismo que causan unas conmuevas asimismo negativas. Como resultado, la persona va a comportarse de manera retraida, asustadiza o iracunda.

Por ejemplo, esto lo podemos ver con un individuo que se desea apuntar al gimnasio para ver si se pone en forma y mejora su físico. Más allá de que sabe que de este modo conseguirá tener más bienestar psicológico porque se verá mejor, tiene miedo de que el resto usuarios de las instalaciones lo juzguen o lo miren con mala cara al usar las máquinas y llevarlo a cabo mal. Como producto de esto, y a pesar de que se anima a apuntarse, prefiere ponerse un límite a usar la elíptica y poco mucho más, temiendo que si utiliza alguna máquina dificultosa hará el absurdo

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