Los hábitos de vida saludables son las mejores “vitaminas para la memoria”

Se estima que uno de cada tres casos de Alzheimer obedece, en gran medida, a las secuelas desfavorables de múltiples factores de riesgo que son potencialmente evitables o controlables. 

Estos componentes hacen más fácil la aparición de deterioro cognitivo, particularmente en el momento en que confluyen con determinados causantes genéticos y con otros que aún no se saben.

De hecho, tenemos la posibilidad de prevenir en parte sus secuelas, simplemente modificando nuestros hábitos de vida menos saludables y llevando un estilo de vida cognitiva, popular y físicamente activo.

De esta forma, fomentaremos nuestra salud cerebral y reduciremos la probabilidad de padecer demencia en el futuro. Así, como explicamos en el presente artículo, las auténticas “vitaminas para la memoria” las encontramos en la promoción y mantenimiento de unos hábitos de vida saludables.

Factores de riesgo asociados al avance de deterioro cognitivo

De entre los componentes de peligro que pueden facilitar el desarrollo de deterioro cognitivo destacan:

  • la privación educativa,
  • la hipertensión,
  • la diabetes,
  • antecedente de algún traumatismo craneoencefálico,
  • la obesidad,
  • el sedentarismo,
  • la depresión,
  • el abuso de tabaco y alcohol,
  • la soledad,
  • la polución ambiental

Estos componentes de peligro tienen un peso específico diferente a lo largo de la vida de cada individuo. Pongamos como un ejemplo el ingreso a la educación o escolaridad: este factor es indispensable desde la niñez hasta la edad adulta para desarrollar y acrecentar la reserva cognitiva, la cual puede jugar un papel asegurador en la vejez contribuyendo a postergar la aparición del eventual deterioro cognitivo.

La prevención de la demencia radica en la adopción de hábitos de vida saludables  

El objetivo de la prevención es fomentar aquellos mecanismos que potencialmente ejerzan una acción protectora sobre la función cerebral frente a un proceso neurodegenerativo.  Hay evidencias de que los causantes protectores que mucho más intervienen en el avance de la reserva cognitiva y su cuidado a lo largo de toda la vida son:

Por tanto, es importante formarse y tener una mente intranquiliza a lo largo de siempre, eludir el aislamiento popular y llevar una vida físicamente activa.

Por el contrario, los primordiales componentes de peligro a impedir y controlar por su acción facilitadora sobre los procesos neurodegenerativos son los relacionados con el riesgo cardiovascular, como la diabetes, la hipertensión, el abuso del tabaco y el alcohol, o la obesidad, y otros, como los traumatismos craneoencefálicos.

Los estudios avalan que la manera más óptima de impulsar estos mecanismos protectores es a través de formas de proceder precautorias, esto es, a través de la adopción de hábitos de vida saludables en el día a día. Cuanto antes se fomenten estos hábitos, mejor, pero nunca es tarde para ponerse a ello. 

Cabe añadir, que es necesario realizar un rastreo médico y seguir los tratamientos pautados con el fin de hallar una prevención eficiente. Seguir estas pautas contribuirá a prevenir o ralentizar la aparición de problemas de memoria o el deterioro cognitivo más adelante.

¿Se recomienda tomar vitaminas para la memoria? 

El envejecimiento trae consigo cierta disminución generalizada de nuestras habilidades cognitivas, sin implicar que conlleve demencia. Ciertos inconvenientes de memoria son casi inevitables con el envejecimiento, a veces apareciendo dificultad de recobrar información que disponemos guardada, o en ocasiones siendo más caro retener información novedosa.

Cuando la contrariedad de crear novedosas memorias o la pérdida de memoria reciente es muy acusada, puede ser rastro de algo no justificable sencillamente por el envejecimiento, sino más bien, tal vez, una señal de alarma de los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Una de las principales diferencias entre ambos casos reside en que la pérdida progresiva de memoria es considerablemente mayor en el Alzheimer que la que se aprecia en el envejecimiento normal. 

Por la inquietud que puede producir esa visión, es simple recurrir a la idea de tomar vitaminas para la memoria. En el mercado existen múltiples artículos en forma de preparados multivitamínicos, alimenticias y substancias múltiples, proveniente de la naturaleza o no, destinados a paliar esta pérdida de memoria y la afectación de otras capacidades a lo largo de la vejez.

Sin embargo, no hay evidencias consistentes que apoyen la administración de estos preparados o pastillas para la memoria para hallar una mejora sustancial o para impedir un viable deterioro cognitivo. Por contra, sí que hay evidencias de que ciertos hábitos de vida capaces de sostener nuestra cabeza activa y estimulada contribuyen a sostener la memoria y el resto de nuestras habilidades cognitivas por más tiempo. Tal es la situacion de las ocupaciones que contribuyen a la estimulación cognitiva, la formación durante la vida y el mantenimiento de muchas aficiones. 

Solo en algunos casos muy específicos, como la pérdida de memoria causada por una deficiencia de vitamina B-12, tiene sentido la administración de suplementos. Sin embargo, ha de ser el médico quien determine tal necesidad y recete su administración. En el caso de la enfermedad de Alzheimer, los tratamientos farmacológicos indicados (como los inhibidores de la colinesterasa o la memantina) y no farmacológicos (como la estimulación cognitiva) son los únicos que hasta el día de hoy han mostrado eficiencia (si bien de manera limitada) para proteger las capacidades cognitivas o ralentizar la progresión de su deterioro en el contexto de la enfermedad de Alzheimer.

En conclusión: las mejores “vitaminas para la memoria” están en nuestra forma de vivir

La mejor opción para alcanzar una vejez saludable se basa en la prevención en el día a día. Ello implica evitar y supervisar de forma eficaz aquellos componentes de peligro facilitadores de posibles procesos neurodegenerativos, y a su vez potenciar mecanismos protectores de la función cerebral. 

La adopción de hábitos de vida saludables es un medio a nuestro alcance para proteger nuestra función cerebral y proteger nuestras capacidades por mucho más tiempo. Por el momento, no hay ningún fármaco ni otro género de substancia con la capacidad de revertir o mejorar la disminución de ciertas funcionalidades cognitivas en la vejez, o prevenir un posible deterioro cognitivo. ¡Hay que ser realmente cautelosos frente a las curas prodigiosas y falsas promesas!

Deja un comentario